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Studiolo | Arquia - Centro de Documentación
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Studiolo

Fotografías

Descripción

El concepto de una habitación, aunque aparentemente omnipresente en la arquitectura, a menudo se da por sentado tanto en nuestra vida cotidiana como en nuestros esfuerzos arquitectónicos. Como habitantes y arquitectos, nos involucramos inherentemente con las habitaciones, diseñándolas y habitándolas sin mucha contemplación. En esencia, si la arquitectura tiene como objetivo dar forma al espacio, entonces la habitación emerge como la manifestación más inmediata de este esfuerzo.

El proyecto consiste en la renovación de un apartamento existente de la década de 1970 ubicado en Madrid. Tiene vistas a un convento del siglo XIX, ofreciendo vistas despejadas del horizonte de la ciudad a través de sus grandes ventanales.

El diseño original del apartamento se vacía para introducir una nueva pieza autónoma en su interior: una habitación-armario verde oscuro que se asemeja a los «studiolos» o salas de estudio italianas del siglo XV. El término italiano «studiolo» se refiere a la habitación privada que muchos humanistas del Renacimiento tenían para el retiro y la reflexión, para su dedicación a la investigación intelectual y la contemplación artística, nun espacio doméstico que emerge de la realidad y opera en el límite con la ficción. Un lugar para retirarse del bullicio de la vida cotidiana.

Construido completamente en MDF crudo, el studiolo se comprime en una estructura mínima y compacta, más cercana a un mueble que a una habitación, liberando el resto del apartamento en un espacio vacío, aséptico y abierto listo para cualquier cosa que ocurra en él.

El studiolo también contiene las pertenencias del habitante en una serie de armarios que revelan lo que llevan, como electrodomésticos de cocina, paneles técnicos, mercancías o ropa de cama.

Materialmente hablando, el proyecto es una exploración de las posibilidades que el uso de materiales de otras industrias tiene en la producción de nuevas realidades domésticas. El suelo está cubierto de suelo de goma Pirelli, comúnmente encontrado en entornos industriales, mientras que el techo se resuelve con perfiles de acero galvanizado desmontables utilizados en espacios de oficina. Ambos materiales reflejan la luz, amplificando el espacio.

Autoría y colaboradores

Autor

Eduardo Martinez-Mediero Rubio

Información

Dirección

calle Zurbaran, ESPAÑA

Geolocalización

48.000000000000000,48.000000000000000

Sección

Próxima

X Edición 2024-2025
2026

Planos

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Tipos de Espacios

El proyecto se ubica en el pasaje de la antigua Fábrica de Tabacos de La Rioja, un espacio urbano estrecho y longitudinal dominado por la presencia vertical de una monumental chimenea de ladrillo rojo. La intervención restituye al lugar su condición de espacio construido mediante la consolidación de las fachadas existentes, reforzando la continuidad urbana y devolviendo al conjunto fabril una lectura unitaria, coherente con su identidad histórica. Lejos de plantearse como un gesto autónomo, la propuesta actúa como una operación de sutura arquitectónica que reconstruye el vacío del pasaje, reactivando su dimensión espacial y simbólica.

El interior se organiza a partir de la concatenación de estancias cuadradas de 3,6 × 3,6 m, configurando una secuencia rítmica de pasillos y habitaciones de carácter doméstico. Esta procesión espacial, casi ceremonial, transforma el tránsito en experiencia, desplazando la lógica funcional hacia una percepción gradual del espacio. Las habitaciones, abiertas al cielo, ensayan distintas posibilidades geométricas en planta, introduciendo variaciones que intensifican la relación entre repetición y diferencia. Su escala doméstica —inusual en el contexto del espacio público— altera la posición del usuario, que deja de ser mero visitante para asumir una condición transitoria de habitante. La instalación invita así a una interacción más íntima, donde el cuerpo reconoce proporciones, límites y transiciones propias de la experiencia residencial.

Las estancias interiores generan atmósferas inesperadas, produciendo una alternancia entre recogimiento y apertura. La percepción oscila entre interioridad y exterioridad, recordando de manera constante el carácter público de la intervención. Esta ambigüedad espacial, deliberadamente construida, activa una lectura crítica sobre los límites convencionales entre arquitectura, instalación y ciudad.

El sistema se materializa mediante ladrillos de termoarcilla de 30 × 30 cm, cuya escala y textura remiten a un imaginario colectivo reconocible. El bloque cerámico opera simultáneamente como unidad material y módulo espacial, otorgando al proyecto una condición familiar y táctil. La masividad de las piezas construye una apariencia estereotómica que vela su lógica tectónica, generando muros de presencia densa y silenciosa. El suelo, cubierto con viruta de ladrillo desechado, prolonga esta continuidad material y modifica la experiencia cinética del recorrido: ralentiza el paso, amortigua el sonido y propone una relación más consciente y pausada con el espacio. En conjunto, la intervención configura un paisaje arquitectónico introspectivo, donde materia, escala y secuencia articulan una experiencia urbana desacelerada y perceptivamente intensa.

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El proyecto se sitúa en el barrio de Carabanchel, un enclave históricamente periférico que en los últimos años ha experimentado un proceso acelerado de transformación urbana y presión inmobiliaria. En el contexto de la crisis de vivienda asequible que afecta a la ciudad, el desplazamiento de población hacia áreas tradicionalmente más accesibles redefine dinámicas sociales, económicas y espaciales. La intervención responde a esta coyuntura proponiendo una vivienda deliberadamente inacabada, concebida como un soporte abierto que permite a sus habitantes adaptar, completar y personalizar el espacio según sus necesidades y posibilidades económicas. Esta estrategia no solo reduce los costes iniciales de construcción, sino que cuestiona la lógica especulativa en la que acabados, equipamientos y sobreprogramación concentran buena parte del margen de beneficio del promotor. El espacio desnudo se convierte así en una oportunidad: un marco flexible que admite transformaciones futuras y apropiaciones progresivas.

La distribución original del apartamento se preserva como gesto de economía material y respeto hacia la estructura existente, evitando demoliciones innecesarias. Esta organización se intensifica mediante la incorporación de un muro técnicamente equipado que integra las infraestructuras esenciales —fontanería, electricidad y almacenamiento— concentrando las complejidades técnicas en un único elemento continuo. Revestido en aluminio, el muro adquiere una condición ambigua entre infraestructura y superficie perceptiva: actúa como fondo abstracto que refleja la luz, amplifica la profundidad visual y registra de forma difusa las actividades cotidianas. Frente a él, una gran superficie de trabajo monolítica articula los usos de cocina y baño, estableciendo una continuidad funcional que diluye fronteras rígidas entre programas domésticos. La estructura portante, organizada en una retícula de vigas en I y pilares de acero, no se oculta sino que se asume como orden visible que modula el espacio y establece una jerarquía sutil entre ámbitos públicos y privados.

La materialidad se define desde la crudeza y la esencialidad. El pavimento continuo de resina epoxi reflectante genera una base homogénea que expande la percepción y elimina referencias fragmentarias. En contraste, el techo de yeso proyectado, deliberadamente inacabado, introduce una atmósfera cavernosa, casi tectónica, que enfatiza la condición procesual del proyecto. Las superficies de trabajo en cocina y baño se resuelven con baldosas cerámicas sencillas, elegidas por su durabilidad, impermeabilidad y carácter cotidiano. La paleta cromática, dominada por grises y tonalidades neutras, refuerza la lectura austera del conjunto, mientras que discretos acentos en mármol rojo irrumpen como momentos de intensidad material y simbólica. El resultado es un ambiente contenido pero expresivo, donde la arquitectura se presenta como un sistema abierto, económico y adaptable, capaz de evolucionar junto a quienes lo habitan.

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El espacio original se reorganiza mediante la subdivisión en 23 estancias rectangulares de dimensiones próximas entre sí, conectadas a través de aberturas centradas que construyen una secuencia continua, casi indiferenciada, de cuartos concatenados. Esta disposición genera una isotropía espacial en la que desaparecen jerarquías tradicionales como salón, dormitorio o pasillo, sustituidas por una lectura abierta basada en la experiencia perceptiva. Cada estancia no se define por un programa rígido, sino por sus condiciones cognitivas y atmosféricas: gradaciones de iluminación y sombra, variaciones de orientación, relaciones visuales cruzadas y proporciones que sugieren múltiples formas de ocupación. De este modo, el habitar deja de responder a esquemas convencionales para convertirse en una práctica flexible, cambiante y reinterpretativa.

El proyecto se materializa en cuatro viviendas situadas en un edificio residencial de los años setenta, inserto en el tejido consolidado del centro de Murcia. En contraste con la lógica de la especulación inmobiliaria que ha marcado gran parte del Levante español en las últimas décadas, la intervención propone un distanciamiento deliberado de los modelos tipológicos repetitivos y de la estandarización funcional. En lugar de optimizar superficies según criterios mercantiles, se plantea un sistema espacial capaz de absorber transformaciones, adaptarse a ritmos vitales diversos y permitir apropiaciones no previstas. La vivienda se concibe así como una estructura abierta, más cercana a un soporte que a un objeto cerrado, donde la neutralidad programática habilita libertad de uso y reconfiguración en el tiempo.

Conceptualmente, la propuesta se define como un sistema genérico pero espacialmente específico: genérico por su independencia respecto a categorías preconcebidas, y específico por la precisión con la que se controlan proporciones, transiciones y relaciones perceptivas. Se anula la dependencia estricta del perímetro, diluyendo la noción de límite fijo, y se relativiza la orientación como factor determinante, privilegiando en cambio la continuidad y la interconexión. La arquitectura no impone un relato único, sino que habilita múltiples lecturas y recorridos, fomentando una experiencia doméstica menos normativa y más exploratoria.

La materialidad refuerza esta estrategia conceptual mediante el uso de recursos directos y contenidos. Las superficies espejadas, aplicadas de forma estratégica, expanden la percepción del espacio, multiplican las visuales y desdibujan los contornos físicos, generando una sensación de profundidad inestable. Los pavimentos continuos de resina epoxi eliminan juntas y referencias métricas, suspendiendo la lectura de escala y favoreciendo una continuidad táctil y visual. El techo acabado en esmalte plástico amplifica reflejos y matices cromáticos, intensificando la interacción entre luz y materia. Frente a esta condición envolvente y abstracta, el núcleo de cocina —resuelto en acero galvanizado y granito local— introduce un contrapunto de densidad, textura y referencia funcional. Este elemento actúa como anclaje perceptivo y organizador, aportando una presencia tangible que estructura la experiencia cotidiana sin imponer límites estrictos. En conjunto, el proyecto articula una domesticidad abierta, adaptable y perceptivamente rica, donde la arquitectura se entiende como marco de posibilidades más que como definición cerrada de usos.