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Casa Rio | Arquia - Centro de Documentación
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Casa Rio

HANGHAR

Fotografías

Descripción

El proyecto se sitúa en el barrio de Carabanchel, un enclave históricamente periférico que en los últimos años ha experimentado un proceso acelerado de transformación urbana y presión inmobiliaria. En el contexto de la crisis de vivienda asequible que afecta a la ciudad, el desplazamiento de población hacia áreas tradicionalmente más accesibles redefine dinámicas sociales, económicas y espaciales. La intervención responde a esta coyuntura proponiendo una vivienda deliberadamente inacabada, concebida como un soporte abierto que permite a sus habitantes adaptar, completar y personalizar el espacio según sus necesidades y posibilidades económicas. Esta estrategia no solo reduce los costes iniciales de construcción, sino que cuestiona la lógica especulativa en la que acabados, equipamientos y sobreprogramación concentran buena parte del margen de beneficio del promotor. El espacio desnudo se convierte así en una oportunidad: un marco flexible que admite transformaciones futuras y apropiaciones progresivas.

La distribución original del apartamento se preserva como gesto de economía material y respeto hacia la estructura existente, evitando demoliciones innecesarias. Esta organización se intensifica mediante la incorporación de un muro técnicamente equipado que integra las infraestructuras esenciales —fontanería, electricidad y almacenamiento— concentrando las complejidades técnicas en un único elemento continuo. Revestido en aluminio, el muro adquiere una condición ambigua entre infraestructura y superficie perceptiva: actúa como fondo abstracto que refleja la luz, amplifica la profundidad visual y registra de forma difusa las actividades cotidianas. Frente a él, una gran superficie de trabajo monolítica articula los usos de cocina y baño, estableciendo una continuidad funcional que diluye fronteras rígidas entre programas domésticos. La estructura portante, organizada en una retícula de vigas en I y pilares de acero, no se oculta sino que se asume como orden visible que modula el espacio y establece una jerarquía sutil entre ámbitos públicos y privados.

La materialidad se define desde la crudeza y la esencialidad. El pavimento continuo de resina epoxi reflectante genera una base homogénea que expande la percepción y elimina referencias fragmentarias. En contraste, el techo de yeso proyectado, deliberadamente inacabado, introduce una atmósfera cavernosa, casi tectónica, que enfatiza la condición procesual del proyecto. Las superficies de trabajo en cocina y baño se resuelven con baldosas cerámicas sencillas, elegidas por su durabilidad, impermeabilidad y carácter cotidiano. La paleta cromática, dominada por grises y tonalidades neutras, refuerza la lectura austera del conjunto, mientras que discretos acentos en mármol rojo irrumpen como momentos de intensidad material y simbólica. El resultado es un ambiente contenido pero expresivo, donde la arquitectura se presenta como un sistema abierto, económico y adaptable, capaz de evolucionar junto a quienes lo habitan.

Autoría y colaboradores

Autor

Eduardo Martinez-Mediero Rubio

Información

Dirección

AVENIDA, Antonio Lopez, 68, 28019, Madrid, MADRID, ESPAÑA

Fecha de inicio

2022-01-10

Fecha de fin

2023-08-25

Superficie construida

85

Coste por metro cuadrado

1200

Geolocalización

40.394309800000000,-3.709322400000000

material

Aluminio

Tipo de uso

Reforma

Sección

Próxima

IX Edición 2022-2023
2024
X Edición 2024-2025
2026

Planos

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Un sistema conceptualmente genérico y, al mismo tiempo, espacialmente específico, que disuelve cualquier dependencia estricta del perímetro, del programa y de la orientación. El proyecto consiste en la renovación de un apartamento de 65 m² situado en un edificio residencial de los años setenta en el centro de la ciudad. En respuesta a la acelerada especulación inmobiliaria que ha redefinido Madrid en los últimos años, la vivienda se distancia de las inercias del mercado y propone una organización flexible, capaz de evadir condicionantes prefijados, tipologías rígidas y jerarquías convencionales. La arquitectura no se plantea como una suma cerrada de funciones, sino como un marco abierto de posibilidades, donde la indeterminación se convierte en una herramienta de libertad doméstica.

Este sistema genérico, aunque deliberadamente abstracto, encuentra anclajes precisos en la aparición de ciertos elementos materiales y funcionales. La chimenea y el mueble de cocinado irrumpen como hitos que restituyen la escala cotidiana y devuelven al habitante a una lectura situada del espacio. Estos componentes, lejos de imponer una distribución jerárquica, actúan como referencias visuales y atmosféricas que organizan la experiencia sin clausurarla. Su presencia introduce un contrapunto entre lo genérico y lo reconocible, entre la neutralidad conceptual y la memoria doméstica.

El espacio original se reorganiza en cuatro estancias simétricas de 3,5 × 3,5 m, estableciendo una isotropía espacial apenas tensionada por la entrada desigual de luz natural. Las habitaciones se enlazan mediante grandes aperturas centrales, que favorecen la continuidad visual y la percepción de un único campo espacial fluido. La secuencia resultante elimina la noción tradicional de pasillo o pieza principal, sustituyéndola por un sistema de relaciones transversales y recorridos múltiples. En una de las estancias aparece una apertura hacia un lugar aparentemente inaccesible: se trata del reflejo del propio espacio, proyectado sobre una superficie espejada. Este gesto genera una ficción perceptiva que amplifica, prolonga y a la vez distorsiona los límites físicos de la vivienda, introduciendo una ambigüedad entre lo real y lo virtual.

La materialidad refuerza esta estrategia conceptual mediante decisiones simples y directas. El pavimento reinterpreta la tradicional baldosa de barro cocido, tan arraigada en el imaginario colectivo, mediante la utilización de linóleo de gran formato. La continuidad y escala del material atenúan referencias métricas y reducen la percepción fragmentaria del suelo. El techo, resuelto con esmalte plástico, actúa como una superficie neutra y reflectante que intensifica los brillos y matices cromáticos presentes en la vivienda. Por su parte, el espacio de cocinado se reviste en acero inoxidable, cuya capacidad reflectante capta y transforma las variaciones lumínicas a lo largo del día. En conjunto, la intervención construye una atmósfera contenida, abstracta y perceptivamente activa, donde el espacio se define menos por su función que por su potencial de uso y reinterpretación.

Studiolo
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Studiolo

El concepto de una habitación, aunque aparentemente omnipresente en la arquitectura, a menudo se da por sentado tanto en nuestra vida cotidiana como en nuestros esfuerzos arquitectónicos. Como habitantes y arquitectos, nos involucramos inherentemente con las habitaciones, diseñándolas y habitándolas sin mucha contemplación. En esencia, si la arquitectura tiene como objetivo dar forma al espacio, entonces la habitación emerge como la manifestación más inmediata de este esfuerzo.

El proyecto consiste en la renovación de un apartamento existente de la década de 1970 ubicado en Madrid. Tiene vistas a un convento del siglo XIX, ofreciendo vistas despejadas del horizonte de la ciudad a través de sus grandes ventanales.

El diseño original del apartamento se vacía para introducir una nueva pieza autónoma en su interior: una habitación-armario verde oscuro que se asemeja a los «studiolos» o salas de estudio italianas del siglo XV. El término italiano «studiolo» se refiere a la habitación privada que muchos humanistas del Renacimiento tenían para el retiro y la reflexión, para su dedicación a la investigación intelectual y la contemplación artística, nun espacio doméstico que emerge de la realidad y opera en el límite con la ficción. Un lugar para retirarse del bullicio de la vida cotidiana.

Construido completamente en MDF crudo, el studiolo se comprime en una estructura mínima y compacta, más cercana a un mueble que a una habitación, liberando el resto del apartamento en un espacio vacío, aséptico y abierto listo para cualquier cosa que ocurra en él.

El studiolo también contiene las pertenencias del habitante en una serie de armarios que revelan lo que llevan, como electrodomésticos de cocina, paneles técnicos, mercancías o ropa de cama.

Materialmente hablando, el proyecto es una exploración de las posibilidades que el uso de materiales de otras industrias tiene en la producción de nuevas realidades domésticas. El suelo está cubierto de suelo de goma Pirelli, comúnmente encontrado en entornos industriales, mientras que el techo se resuelve con perfiles de acero galvanizado desmontables utilizados en espacios de oficina. Ambos materiales reflejan la luz, amplificando el espacio.

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Casa Prado

Se propone, por tanto, una intervención de recursos deliberadamente reducidos, pero de gran intensidad espacial y simbólica, en la que las huellas de la antigua cuadra conviven con los requerimientos del habitar contemporáneo. En una pequeña aldea de la comarca de Cameros, en la sierra riojana, se sitúa una vivienda de carácter excepcional. A diferencia de las construcciones circundantes, el edificio se distingue por una monumental fachada de cinco plantas, definida por gruesos muros de piedra y una composición rigurosamente simétrica de huecos. Cada nivel, idéntico en distribución y dimensiones, se articula mediante una imponente escalera helicoidal de madera, coronada por un lucernario que introduce una luz cenital continua, reforzando la verticalidad y la percepción unitaria del conjunto.

En la planta inferior, vinculada al antiguo barranco y resolviendo el desnivel natural del terreno, se localiza un espacio estrecho y alargado que históricamente albergó animales y almacenamiento. Este ámbito residual se reactiva mediante la inserción de una sobria solera de hormigón bruto, en cuya superficie se incrustan pequeñas baldosas cerámicas de 10 × 10 cm recuperadas del estado original y preservadas por la familia durante generaciones. Este gesto material, simultáneamente constructivo y afectivo, establece una continuidad tangible entre memoria y presente, entre ruina y renovación.

Los huecos de fachada se amplían y alinean con los balcones superiores, optimizando la entrada de luz natural y reforzando la relación visual con el entorno. A su vez, se incorpora el acristalamiento de un gran vano de 2,5 × 2 × 5 m que habilita el acceso desde un callejón adyacente, transformando la antigua cuadra en un espacio permeable, luminoso y abierto. Junto a una de las ventanas se construye un banco austero de yeso visto, concebido como lugar de estancia cotidiana donde la familia se reúne durante las veladas estivales. El antiguo bebedero de los animales, una pieza monolítica de piedra local, se resignifica al elevarse sobre una estructura articulada de ladrillo refractario pintado en blanco, funcionando ahora como pila de agua y elemento central de la nueva domesticidad.

El jardín exterior se acondiciona mediante una sinuosa plataforma de hormigón coloreado que serpentea entre la vegetación y el arbolado existentes, integrándose respetuosamente en el paisaje. El plano de la solera se eleva 15 cm sobre el terreno natural, estableciendo una continuidad espacial con el interior y configurando un ámbito exterior de carácter cuasi doméstico. Esta topografía artificial no solo ordena el acceso, sino que construye un paisaje habitable, flexible y adaptable a los usos temporales de la familia. En conjunto, la intervención articula una síntesis precisa entre economía de medios, memoria material y reactivación espacial, donde la arquitectura emerge como mediadora entre pasado y presente.