Logo Fundación Arquia
Logo

Centro de documentación FQ

Si aún no lo conoces te explicamos Qué es el Centro de Documentación FQ de Fundación Arquia

Contacto

Sede Oficinas

C/Barquillo, 6, 1º izda. 28004 Madrid

Sede Actividades Culturales

C/ Tutor, 16. 28008 Madrid

91 756 10 50

centrodocumentacion@arquia.es

Suscríbete

Suscríbete a nuestro boletín para estar al día de las últimas novedades y lanzamientos.

Al suscribirte, aceptas nuestra Política de Privacidad y das tu consentimiento para recibir actualizaciones de nuestra empresa.

© 2026 Centro de documentación FQ. Todos los derechos reservados.

Política de cookiesPolítica de privacidad
Centro de documentación FQ
InicioCatálogoCiclos
Logo

Centro de documentación FQ

InicioCatálogoCiclos
Casa Lara | Arquia - Centro de Documentación

Cargando realización...

  1. Inicio
  2. /Catálogo
  3. /Realizaciones
  4. /Casa Lara
RealizacionesPróxima

Casa Lara

HANGHAR

Casa Lara

Descripción

Un sistema conceptualmente genérico y, al mismo tiempo, espacialmente específico, que disuelve cualquier dependencia estricta del perímetro, del programa y de la orientación. El proyecto consiste en la renovación de un apartamento de 65 m² situado en un edificio residencial de los años setenta en el centro de la ciudad. En respuesta a la acelerada especulación inmobiliaria que ha redefinido Madrid en los últimos años, la vivienda se distancia de las inercias del mercado y propone una organización flexible, capaz de evadir condicionantes prefijados, tipologías rígidas y jerarquías convencionales. La arquitectura no se plantea como una suma cerrada de funciones, sino como un marco abierto de posibilidades, donde la indeterminación se convierte en una herramienta de libertad doméstica.

Este sistema genérico, aunque deliberadamente abstracto, encuentra anclajes precisos en la aparición de ciertos elementos materiales y funcionales. La chimenea y el mueble de cocinado irrumpen como hitos que restituyen la escala cotidiana y devuelven al habitante a una lectura situada del espacio. Estos componentes, lejos de imponer una distribución jerárquica, actúan como referencias visuales y atmosféricas que organizan la experiencia sin clausurarla. Su presencia introduce un contrapunto entre lo genérico y lo reconocible, entre la neutralidad conceptual y la memoria doméstica.

El espacio original se reorganiza en cuatro estancias simétricas de 3,5 × 3,5 m, estableciendo una isotropía espacial apenas tensionada por la entrada desigual de luz natural. Las habitaciones se enlazan mediante grandes aperturas centrales, que favorecen la continuidad visual y la percepción de un único campo espacial fluido. La secuencia resultante elimina la noción tradicional de pasillo o pieza principal, sustituyéndola por un sistema de relaciones transversales y recorridos múltiples. En una de las estancias aparece una apertura hacia un lugar aparentemente inaccesible: se trata del reflejo del propio espacio, proyectado sobre una superficie espejada. Este gesto genera una ficción perceptiva que amplifica, prolonga y a la vez distorsiona los límites físicos de la vivienda, introduciendo una ambigüedad entre lo real y lo virtual.

La materialidad refuerza esta estrategia conceptual mediante decisiones simples y directas. El pavimento reinterpreta la tradicional baldosa de barro cocido, tan arraigada en el imaginario colectivo, mediante la utilización de linóleo de gran formato. La continuidad y escala del material atenúan referencias métricas y reducen la percepción fragmentaria del suelo. El techo, resuelto con esmalte plástico, actúa como una superficie neutra y reflectante que intensifica los brillos y matices cromáticos presentes en la vivienda. Por su parte, el espacio de cocinado se reviste en acero inoxidable, cuya capacidad reflectante capta y transforma las variaciones lumínicas a lo largo del día. En conjunto, la intervención construye una atmósfera contenida, abstracta y perceptivamente activa, donde el espacio se define menos por su función que por su potencial de uso y reinterpretación.

Autoría y colaboradores

Autor

Eduardo Martinez-Mediero Rubio

Información

Dirección

CALLE, General Arrando, 9, 28010, Madrid, MADRID, ESPAÑA

Fecha de inicio

2021-05-10

Fecha de fin

2021-11-15

Superficie construida

65

Coste por metro cuadrado

1000

Geolocalización

40.431989100000000,-3.696042700000000

material

Aluminio -- Estructuras

Tipo de uso

Reforma

Sección

Próxima

VIII Edición 2020-2021
2022
CATALOGADA
IX Edición 2022-2023
2024
X Edición 2024-2025
2026

También te puede interesar

Studiolo
RealizacionesPróxima

Studiolo

El concepto de una habitación, aunque aparentemente omnipresente en la arquitectura, a menudo se da por sentado tanto en nuestra vida cotidiana como en nuestros esfuerzos arquitectónicos. Como habitantes y arquitectos, nos involucramos inherentemente con las habitaciones, diseñándolas y habitándolas sin mucha contemplación. En esencia, si la arquitectura tiene como objetivo dar forma al espacio, entonces la habitación emerge como la manifestación más inmediata de este esfuerzo.

El proyecto consiste en la renovación de un apartamento existente de la década de 1970 ubicado en Madrid. Tiene vistas a un convento del siglo XIX, ofreciendo vistas despejadas del horizonte de la ciudad a través de sus grandes ventanales.

El diseño original del apartamento se vacía para introducir una nueva pieza autónoma en su interior: una habitación-armario verde oscuro que se asemeja a los «studiolos» o salas de estudio italianas del siglo XV. El término italiano «studiolo» se refiere a la habitación privada que muchos humanistas del Renacimiento tenían para el retiro y la reflexión, para su dedicación a la investigación intelectual y la contemplación artística, nun espacio doméstico que emerge de la realidad y opera en el límite con la ficción. Un lugar para retirarse del bullicio de la vida cotidiana.

Construido completamente en MDF crudo, el studiolo se comprime en una estructura mínima y compacta, más cercana a un mueble que a una habitación, liberando el resto del apartamento en un espacio vacío, aséptico y abierto listo para cualquier cosa que ocurra en él.

El studiolo también contiene las pertenencias del habitante en una serie de armarios que revelan lo que llevan, como electrodomésticos de cocina, paneles técnicos, mercancías o ropa de cama.

Materialmente hablando, el proyecto es una exploración de las posibilidades que el uso de materiales de otras industrias tiene en la producción de nuevas realidades domésticas. El suelo está cubierto de suelo de goma Pirelli, comúnmente encontrado en entornos industriales, mientras que el techo se resuelve con perfiles de acero galvanizado desmontables utilizados en espacios de oficina. Ambos materiales reflejan la luz, amplificando el espacio.

Casa Prado
RealizacionesPróxima

Casa Prado

Se propone, por tanto, una intervención de recursos deliberadamente reducidos, pero de gran intensidad espacial y simbólica, en la que las huellas de la antigua cuadra conviven con los requerimientos del habitar contemporáneo. En una pequeña aldea de la comarca de Cameros, en la sierra riojana, se sitúa una vivienda de carácter excepcional. A diferencia de las construcciones circundantes, el edificio se distingue por una monumental fachada de cinco plantas, definida por gruesos muros de piedra y una composición rigurosamente simétrica de huecos. Cada nivel, idéntico en distribución y dimensiones, se articula mediante una imponente escalera helicoidal de madera, coronada por un lucernario que introduce una luz cenital continua, reforzando la verticalidad y la percepción unitaria del conjunto.

En la planta inferior, vinculada al antiguo barranco y resolviendo el desnivel natural del terreno, se localiza un espacio estrecho y alargado que históricamente albergó animales y almacenamiento. Este ámbito residual se reactiva mediante la inserción de una sobria solera de hormigón bruto, en cuya superficie se incrustan pequeñas baldosas cerámicas de 10 × 10 cm recuperadas del estado original y preservadas por la familia durante generaciones. Este gesto material, simultáneamente constructivo y afectivo, establece una continuidad tangible entre memoria y presente, entre ruina y renovación.

Los huecos de fachada se amplían y alinean con los balcones superiores, optimizando la entrada de luz natural y reforzando la relación visual con el entorno. A su vez, se incorpora el acristalamiento de un gran vano de 2,5 × 2 × 5 m que habilita el acceso desde un callejón adyacente, transformando la antigua cuadra en un espacio permeable, luminoso y abierto. Junto a una de las ventanas se construye un banco austero de yeso visto, concebido como lugar de estancia cotidiana donde la familia se reúne durante las veladas estivales. El antiguo bebedero de los animales, una pieza monolítica de piedra local, se resignifica al elevarse sobre una estructura articulada de ladrillo refractario pintado en blanco, funcionando ahora como pila de agua y elemento central de la nueva domesticidad.

El jardín exterior se acondiciona mediante una sinuosa plataforma de hormigón coloreado que serpentea entre la vegetación y el arbolado existentes, integrándose respetuosamente en el paisaje. El plano de la solera se eleva 15 cm sobre el terreno natural, estableciendo una continuidad espacial con el interior y configurando un ámbito exterior de carácter cuasi doméstico. Esta topografía artificial no solo ordena el acceso, sino que construye un paisaje habitable, flexible y adaptable a los usos temporales de la familia. En conjunto, la intervención articula una síntesis precisa entre economía de medios, memoria material y reactivación espacial, donde la arquitectura emerge como mediadora entre pasado y presente.

Casa Ronda
RealizacionesPróxima

Casa Ronda

Ante la persistente condición de incertidumbre que caracteriza a la sociedad contemporánea, la vivienda se concibe como un sistema abierto, adaptable e indefinido, capaz de operar como fondo de escena para la vida de quien la habita. No se plantea como una solución cerrada ni definitiva, sino como una estructura propositiva que admite transformaciones, apropiaciones y lecturas cambiantes. En este marco, la organización doméstica se distancia deliberadamente de distribuciones convencionales y jerarquías rígidas, articulándose a partir de estancias programáticamente genéricas pero espacialmente específicas. Cada ámbito se define no por una función prescrita, sino por cualidades perceptivas, proporciones y relaciones visuales que permiten al habitante construir su propio relato de uso. La vivienda responde así a las complejidades y mutaciones del habitar contemporáneo, alejándose de directrices impuestas por lógicas mercantiles.

A nivel espacial, el proyecto se resuelve mediante la implementación de una retícula asimétrica que ordena y reinterpreta el espacio original. Las estancias, de geometría rectangular, se concatenan a través de grandes aperturas centrales, configurando una suerte de “enfilade” que establece continuidades visuales profundas. Este dispositivo espacial favorece la percepción de un campo fluido e interconectado, donde los límites entre habitaciones se atenúan y los usos se superponen de manera ambigua. La secuencia resultante no impone recorridos únicos, sino que habilita múltiples trayectorias y gradaciones de intimidad, amplificando la experiencia espacial al tiempo que diluye fronteras programáticas.

La resolución material del proyecto es directa, esencial y deliberadamente reducida. El pavimento continuo de resina epoxi neutraliza referencias métricas y disuelve la sensación de escala, intensificando la lectura abstracta del plano horizontal. En contraste, el techo, tosco y de carácter cavernoso, adquiere una presencia casi ornamental, evocando un barroquismo accidental derivado de la textura irregular del yeso proyectado. El área de cocinado, revestida íntegramente en espejos, se desmaterializa perceptivamente, fundiéndose con el entorno inmediato y reforzando la ambigüedad entre objeto, reflejo y espacio.

Aunque la carga estética podría interpretarse como aséptica —en sintonía con las analogías formuladas por Beatriz Colomina entre el minimalismo moderno y los discursos higienistas de principios del siglo XX—, la reducción material aquí no responde prioritariamente a estándares sanitarios, sino a una postura social y conceptual. La arquitectura interior se afirma como un sistema ambiguo y no determinista, capaz de acoger al habitante sin imponer definiciones inmutables. En esta indeterminación reside su potencia: ofrecer un marco espacial donde la vida cotidiana pueda desplegarse, mutar y redefinirse con libertad.