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Casa Gloria | Arquia - Centro de Documentación
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Casa Gloria

HANGHAR

Fotografías

Descripción

El espacio original se reorganiza mediante la subdivisión en 23 estancias rectangulares de dimensiones próximas entre sí, conectadas a través de aberturas centradas que construyen una secuencia continua, casi indiferenciada, de cuartos concatenados. Esta disposición genera una isotropía espacial en la que desaparecen jerarquías tradicionales como salón, dormitorio o pasillo, sustituidas por una lectura abierta basada en la experiencia perceptiva. Cada estancia no se define por un programa rígido, sino por sus condiciones cognitivas y atmosféricas: gradaciones de iluminación y sombra, variaciones de orientación, relaciones visuales cruzadas y proporciones que sugieren múltiples formas de ocupación. De este modo, el habitar deja de responder a esquemas convencionales para convertirse en una práctica flexible, cambiante y reinterpretativa.

El proyecto se materializa en cuatro viviendas situadas en un edificio residencial de los años setenta, inserto en el tejido consolidado del centro de Murcia. En contraste con la lógica de la especulación inmobiliaria que ha marcado gran parte del Levante español en las últimas décadas, la intervención propone un distanciamiento deliberado de los modelos tipológicos repetitivos y de la estandarización funcional. En lugar de optimizar superficies según criterios mercantiles, se plantea un sistema espacial capaz de absorber transformaciones, adaptarse a ritmos vitales diversos y permitir apropiaciones no previstas. La vivienda se concibe así como una estructura abierta, más cercana a un soporte que a un objeto cerrado, donde la neutralidad programática habilita libertad de uso y reconfiguración en el tiempo.

Conceptualmente, la propuesta se define como un sistema genérico pero espacialmente específico: genérico por su independencia respecto a categorías preconcebidas, y específico por la precisión con la que se controlan proporciones, transiciones y relaciones perceptivas. Se anula la dependencia estricta del perímetro, diluyendo la noción de límite fijo, y se relativiza la orientación como factor determinante, privilegiando en cambio la continuidad y la interconexión. La arquitectura no impone un relato único, sino que habilita múltiples lecturas y recorridos, fomentando una experiencia doméstica menos normativa y más exploratoria.

La materialidad refuerza esta estrategia conceptual mediante el uso de recursos directos y contenidos. Las superficies espejadas, aplicadas de forma estratégica, expanden la percepción del espacio, multiplican las visuales y desdibujan los contornos físicos, generando una sensación de profundidad inestable. Los pavimentos continuos de resina epoxi eliminan juntas y referencias métricas, suspendiendo la lectura de escala y favoreciendo una continuidad táctil y visual. El techo acabado en esmalte plástico amplifica reflejos y matices cromáticos, intensificando la interacción entre luz y materia. Frente a esta condición envolvente y abstracta, el núcleo de cocina —resuelto en acero galvanizado y granito local— introduce un contrapunto de densidad, textura y referencia funcional. Este elemento actúa como anclaje perceptivo y organizador, aportando una presencia tangible que estructura la experiencia cotidiana sin imponer límites estrictos. En conjunto, el proyecto articula una domesticidad abierta, adaptable y perceptivamente rica, donde la arquitectura se entiende como marco de posibilidades más que como definición cerrada de usos.

Autoría y colaboradores

Autor

Eduardo Martinez-Mediero Rubio

Información

Dirección

GLORIETA, de España, 3, 3004, Murcia, MURCIA, ESPAÑA

Fecha de inicio

2023-02-13

Fecha de fin

2023-11-15

Superficie construida

350

Coste por metro cuadrado

1500

Geolocalización

37.983515100000000,-1.130542300000000

material

Acero

Tipo de uso

Reforma

Sección

Próxima

IX Edición 2022-2023
2024
X Edición 2024-2025
2026

Planos

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Casa Primitiva

Comisionada por los artistas Claudio y Bosco Sodi, la vivienda surge como una reflexión crítica sobre la relación contemporánea entre habitar y naturaleza, en un contexto en el que la vida urbana atraviesa un profundo cuestionamiento. Frente a la creciente inestabilidad y precariedad que afecta a ciudades como Madrid, el desplazamiento hacia entornos rurales no se plantea como una evasión romántica ni como una idealización bucólica heredada del siglo XIX, sino como una respuesta consciente a transformaciones sociales, económicas y vitales. La casa encarna así una nueva actitud: más pragmática, más material, más vinculada a la necesidad real de redefinir modos de vida y de producción cultural fuera de la metrópolis.

Tipológicamente, el proyecto se sitúa en un territorio ambiguo, a medio camino entre lo doméstico, lo industrial y lo agrícola. Su escala contenida y la forma canónica a dos aguas evocan la imagen arquetípica de la casa aislada en el paisaje, un gesto reconocible dentro del imaginario rural. Sin embargo, el interior subvierte esa expectativa al aproximarse a la espacialidad de una nave de artistas: cerchas metálicas vistas, una envolvente desnuda y un suelo continuo de hormigón configuran un ambiente de trabajo, creación y experimentación. Esta dualidad entre iconografía doméstica y atmósfera productiva introduce una tensión deliberada entre tradición y contemporaneidad, entre refugio y taller, entre vivienda y espacio creativo.

El acabado exterior, resuelto mediante mortero hidrófugo proyectado —solución habitual en la arquitectura vernácula de la zona—, sitúa el edificio dentro de la lógica constructiva local al tiempo que lo abstrae en un volumen continuo, monolítico y casi silencioso. La materialidad evita gestos expresivos superfluos y refuerza una presencia sobria, donde la casa parece emerger del territorio agrícola del complejo de la bodega con naturalidad y discreción. Esta estrategia establece un diálogo respetuoso con el contexto sin recurrir a mimetismos literales.

Desde el punto de vista estructural, los muros de carga perimetrales sostienen cinco cerchas metálicas de gran luz que se despliegan sobre cuatro vanos sucesivos. Esta modulación organiza el programa como una gradación espacial que transita desde lo más abierto y público hacia lo más íntimo y recogido. La secuencia se compone de un porche delantero que actúa como umbral intermedio entre arquitectura y paisaje, seguido de cocina, comedor y sala de estar, para culminar en los dormitorios y baños. La zona pública se expande hacia el entorno mediante dos grandes puertas acristaladas pivotantes que enmarcan el viñedo y disuelven el límite entre interior y exterior. En contraste, las estancias privadas se definen por huecos más pequeños y profundos, diseñados para filtrar la luz, reforzar la introspección y garantizar la intimidad.

En conjunto, la vivienda articula una síntesis entre habitar, trabajar y contemplar, donde la arquitectura no idealiza la naturaleza sino que se inserta en ella como infraestructura sensible, precisa y abierta a nuevas formas de vida cultural y cotidiana.

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Casa Gracia

Casa Gracia se configura a partir de una distribución “doppelgänger”, que da lugar a dos apartamentos casi simétricos cuyas perspectivas, deliberadamente equivalentes, producen una lectura espacial ambigua y reiterativa. Esta operación geométrica genera una secuencia de habitaciones hexagonales que se presentan indiferentes tanto al programa como a la orientación, desplazando la lógica funcional tradicional hacia una experiencia perceptiva más abierta. Las aberturas, dispuestas de manera simétrica y equidistante, articulan conexiones transversales entre los distintos usos según su posición en planta, favoreciendo continuidades visuales y recorridos alternativos que diluyen jerarquías domésticas convencionales.

Casa Gracia representa un paso más en la exploración sobre plantas aparentemente ineficientes y consolida el objetivo de evidenciar el potencial de las estructuras espaciales para cuestionar y expandir los límites del habitar normativo. El proyecto se concibe como un sistema espacial esencialmente indiferente al lugar específico en el que se implanta, prolongando estrategias desarrolladas en intervenciones anteriores. En esta ocasión, la investigación se intensifica mediante la incorporación de un sistema secundario de antesalas interconectadas que operan de forma ambivalente: en ocasiones como distribuidores, en otras como espacios de almacenamiento o transición. Estos ámbitos intermedios emergen del interés por composiciones espaciales dobles y remiten a una constelación de referencias arquitectónicas heterogéneas, desde la densidad atmosférica de los interiores de Adolf Loos hasta la riqueza material y geométrica de la Casa Vicens de Antoni Gaudí, así como la sofisticación tipológica presente en las puertas dobles de Luigi Caccia Dominioni. El sistema, conceptualmente genérico pero físicamente preciso, niega cualquier dependencia estricta del perímetro, del programa o de la orientación, afirmando una autonomía espacial que privilegia relaciones internas y gradaciones perceptivas.

En términos materiales, la propuesta se articula a partir de una paleta deliberadamente reducida. Un plano de suelo continuo, ejecutado mediante mosaico, incorpora el código cromático distintivo de cada vivienda, funcionando simultáneamente como soporte unificador y dispositivo de identidad. La cuadrícula espacial se enfatiza mediante la inserción de muebles ligeros, autónomos y desplazables, que concentran electrodomésticos y almacenamiento sin fijar usos de manera permanente. Sus colores brillantes e intensos irrumpen como acentos vibrantes frente a la sobriedad tonal del interior, estableciendo un contraste que activa la percepción y subraya la condición mutable del espacio. La disposición estratégica de superficies espejadas multiplica las visuales, disuelve límites físicos y amplifica la sensación de expansión, reforzando la idea de un sistema espacial que parece exceder su contenedor material. En conjunto, Casa Gracia plantea una domesticidad no jerárquica, abierta y reinterpretativa, donde geometría, programa y materia se integran en una experiencia arquitectónica dinámica y deliberadamente ambigua.

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El edificio, reconocido como la primera construcción en altura de hormigón armado de la ciudad, fue ejecutado originalmente con materiales de escasa calidad, circunstancia que condicionó de manera decisiva la intervención. Ante las limitaciones técnicas y constructivas detectadas, se optó por la demolición integral del apartamento y su posterior reconstrucción. Los propietarios, una pareja ya retirada que deseaba regresar al centro urbano tras décadas residiendo en la periferia, plantearon la necesidad de una vivienda capaz de albergar el conjunto heterogéneo de objetos acumulados a lo largo de los años, al tiempo que ofrecer un entorno hospitalario para recibir a familiares y amigos.

En el desarrollo conceptual del proyecto, el misterio y la curiosidad emergieron como cualidades fundamentales. El sistema de almacenamiento —concebido como una secuencia de muebles lineales— asume un papel estructurante, organizando el espacio y configurando un perímetro volumétrico que concentra la expresión material de la vivienda. El resultado es un ámbito simultáneamente delimitado y abierto, que rehúye la explicitación rígida del programa y favorece la coexistencia de múltiples escenarios de uso. La articulación espacial se apoya en dos familias de elementos: seis armarios de roble, pintados en blanco, que regulan el acceso a dormitorios y aseo; y dos muebles metálicos en tono verde oscuro que integran funciones de almacenamiento y cocinado.

Fabricados con delgadas planchas de acero perforado, estos dispositivos introducen una condición ambigua entre ocultación y revelación. Las superficies filtran la visión, permitiendo entrever fragmentos de la vida cotidiana —utensilios de cocina, prendas de vestir, libros o productos domésticos— sin jerarquías ni dramatización, generando una narrativa visual cambiante. Esta ambivalencia transforma el almacenamiento en un mecanismo activo de percepción, más cercano a una membrana que a un cerramiento opaco.

La materialidad se define desde la sencillez y la contundencia. El pavimento se resuelve mediante piezas cerámicas de formato 10 × 60 cm, giradas 45 grados para subrayar su independencia respecto a la retícula espacial y enfatizar una lectura dinámica del plano horizontal. En el extremo de la vivienda, un espacio en forma de “T” concentra el área más pública. Grandes ventanales, orientados hacia el principal bulevar de la ciudad, introducen abundante luz natural y establecen una relación directa con el entorno urbano. Este ámbito final actúa como expansión visual y social del apartamento, equilibrando la densidad material del interior con una apertura franca hacia la ciudad. En conjunto, la propuesta articula una domesticidad precisa y flexible, donde almacenamiento, estructura y percepción se integran en una experiencia espacial rica y matizada.