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ESCALERA DE EVACUACIÓN EN UN COLEGIO DEL S.XIX | Arquia - Centro de Documentación
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ESCALERA DE EVACUACIÓN EN UN COLEGIO DEL S.XIX

FOTOGRAFIAS

Descripción

Se aborda el proyecto no sólo para cumplir con los condicionantes de uso (evacuación ante caso de incendio) sino que se presta especial atención a su materialidad y diseño con el objetivo de establecer un diálogo con el edificio existente. Se pretende generar una relación arquitectónica simbiótica. El objetivo es intervenir de una manera contemporánea potenciando la presencia del patrimonio histórico.

El edificio presenta una masividad en su construcción que pertenece a su momento histórico. Fachadas de fábrica de ladrillo y cajas de mampostería conforman muros estructurales de 60cms de ancho que constituyen, además de su labor portante, la imagen y presencia del edificio. A través de los diferentes aparejos del ladrillo se consiguen detallar los encuentros estructurales y estéticos del edificio. Se trata de una construcción con evidente carácter de permanencia en el lugar.

El proyecto plantea la confrontación directa, pero humilde, con el edificio. En este sentido se propone una intervención de opuestos con el fin de potenciar las prexistencias: frente a la definición volumétrica del colegio, la transparencia de la escalera; frente a la pesadez del ladrillo, la liviandad del acero. Al igual que el edificio existente, la escalera utiliza un único material para generar no sólo la estructura sino también la imagen y textura, produciendo un diálogo ladrillo-acero; pasado-presente.

La estructura de la escalera se plantea independizada de la del colegio, reduciendo a mínimos la intervención tanto sobre el edificio como sobre el lugar, pudiendo ser reversible o adaptable en el tiempo. Para ello se plantean dos cerchas laterales que aportan la mayor transparencia y levedad posible. Estas dos cerchas se apoyan sobre cuatro pilares en el descansillo intermedio, quedando voladas a ambos lados. Por otra parte, las huellas se realizan con redondos de acero formando no sólo la huella de la escalera sino también la conexión estructural y el atado de ambas zancas laterales. En la parte superior se plantea una solución de apoyo que entra en carga únicamente cuando la escalera está siendo utilizada. Mientras, en su encuentro con el suelo, el vuelo permite levitar sobre el pavimento, generando una imagen etérea reforzada por la presencia de un primer escalón de granito. La escalera parece flotar delante del edificio subrayando la condición reversible de la actuación a la vez que cede el protagonismo al colegio.

En cuanto a su materialidad, se refuerza el diálogo entre opuestos. Se utiliza el acero ligero de la misma manera que se utilizó el ladrillo pesado en el edificio existente: toda la intervención es, a la vez, estructura, textura e imagen. El objetivo es diferenciar pero integrar la escalera en el conjunto. Por ello, la escalera en su totalidad se pinta de color negro, que resulta neutro frente al ocre antiguo de la fábrica de ladrillo. La posición, lo uno al lado de lo otro, resulta suficiente para diferenciar la intervención quedando integrada como un elemento arquitectónico más en plena coexistencia con el conjunto histórico.

Autoría y colaboradores

Autor

Víctor Rodríguez Prada
Marcos Cortes Lerín

Estructuras

Oscar Vidal Martínez

Arquitectos técnicos

Juanjo Sanz Romero

Fotografía

Marcos Cortes Lerín

Constructor

Calme S.L.

Información

Dirección

Colegio Marqués de Vallejo en Valdemoro, Madrid.

Fecha de inicio

2017-08-14

Fecha de fin

2017-11-13

Superficie construida

17

Coste por metro cuadrado

998

Tipo de uso

Intervención en el Patrimonio

Sección

Próxima

VI Edición 2016-2017
2018
CATALOGADA
VII Edición 2018-2019
2020
VIII Edición 2020-2021
2022
IX Edición 2022-2023
2024

PLANOS

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La propuesta rehabilita un inmueble prototípico residencial, que ya incluía una pequeña tienda de ultramarinos, construido en 1954 y ejecutado a medio camino entre la tradición vernácula y la modernidad local. Dos muros de piedra de canto de río al oeste y al norte se cierran al sur y este con piezas cerámicas y se cubren con un elemento de viguería de madera y pizarra. Posteriormente se amplía una altura en 1976, empleando técnicas ya propias de la tradición moderna con forjados de vigueta cerámica además de la reutilización de la misma viguería de madera de la vivienda original para la cubierta.

La operación, en el contexto rural-urbano, resuelve en primer lugar una cuestión de posición con respecto a la alineación oficial actual, que ya no es coincidente con la original. Así se opta por construir un zócalo que regulariza la pieza, pero que no puede mantener la ortogonalidad con la preexistencia. Sobre el límite de este plinto se eleva una urdimbre que genera unos planos casi virtuales, una especie de velo geométrico levísimo, que se solidifica o diluye en función del escorzo y que posibilitará el desarrollo futuro de la oficina. Ha de ser un soporte para la vegetación, la sombra, medios audiovisuales u otros elementos.

La casa que preexiste ofrece una cara interna y otra externa. Al interior se trata de obtener el mayor espacio disponible. Se descubren en la operación de vaciado algunos encuentros entre materiales que tratan de repararse de forma conveniente, al tiempo que se provocan otros que sirven al nuevo uso. Estas confluencias se resuelven en planos, collages o líneas que se convierten a su vez en acuerdos entre los diversos tiempos del edificio. El nuevo hormigón entra en diálogo con el ladrillo y la piedra produciendo a una cota determinada un plano virtual de convergencias entre la preexistencia, las luces y la reforma. Los interiores rotan en torno a una caja que articula el espacio. La parte inferior, fría, de hormigón y aluminio, aporta difusión de luz y reflejos. La superior, más cálida, de madera de pino, resulta adecuada para los usos de hábitat, lúdicos y de reunión, que se expanden al exterior a través del vidrio que mira hacia el paisaje montañoso de El Bierzo.

En su cara externa el edificio trata de desmaterializar su presencia mediante el empleo del policarbonato típico de los invernaderos del lugar. Es una piel que se escala gracias a los huecos preexistentes, recortados de forma afilada, y se interrumpe por los grandes nuevos. Un sistema a medio camino entre su extrañamiento en el entorno y su integración dimensional. La trasformación provoca una pérdida de masividad que se potencia con la elección de un color gris que vincula la fachada con el cielo. Los alzados vibran en sentido horizontal, haciendo resonar la veladura con el policarbonato; mientras se deshacen en el cielo a medida que ascienden.

Todo el discurso se consolida precisamente en el aire atrapado entre la veladura y la fachada. Ese espacio intermedio permite que el viejo volumen respire, al tiempo que toma cierta intimidad con respecto del contexto exterior. Un lugar diluido, que es colchón entre el dominio público y el privado, que ya está listo para habitar pero que el tiempo se encargará de construir.

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Se aborda el proyecto desde una lectura neta y universal de un espacio origen anodino, pensado para su distribución tradicional en espacios de mayor o menor tamaño, conformando oficinas, salas de reuniones, salas de trabajo y pasillos de distribución. En contraposición, se plantea un ambiente de trabajo alternativo donde la fluidez, la flexibilidad y la adaptabilidad generen un espacio dinámico y abierto a la multiplicidad de actividades y simultaneidad visuales.

Flotando en el espacio, se disponen unas burbujas brillantes encapsulando espacios de oficina privados y salas de reuniones que generan un diálogo entre dentro y fuera. El espacio de origen queda, por tanto, fragmentado, ofreciendo la posibilidad de elegir el espacio de trabajo en función de la actividad, el número de personas, la necesidad de luz, la privacidad, etc… Tal y como haría un viajero en un jardín chino, el espacio se descubre, se camina y se experimenta poco a poco ofreciendo visuales multidireccionales que focalizan el resto de espacios a descubrir. El espacio es fluido y dinámico; no hay ni un principio ni un final. Cada usuario es libre de elegir y experimentar su propia secuencia espacial, tomando las burbujas como referencias dentro del espacio. En el plano del suelo, las burbujas ejercen un área de influencia generando un espacio intermedio que aloja usos compartidos entre el interior y el exterior. La superficie se convierte en un sutil umbral de acceso cuyo color y textura anuncian una variación en la atmósfera.

La materialidad de las burbujas resulta clave para la experimentación de los diferentes espacios. Su límite se concibe como una membrana compuesta por una piel brillante por fuera y translúcida por dentro a modo de cerramiento, y unos huesos transparentes a modo de estructura. Cuando la luz atraviesa la membrana se genera una radiografía de la materia donde no se vislumbra el peso físico sino su densidad. La membrana se convierte, pues, en un vacío ingrávido compuesto por aire y luz dando una imagen ambigua y cambiante dependiendo del tiempo y el lugar desde el que se observa. Dentro, el brillo de la piel se torna mate generando un espacio abstracto y neutro, inundado por la luz exterior. Se pierde cualquier referencia espacial con el exterior y la actividad del centro se filtra generando imágenes gaseosas indefinidas en los paramentos.

Por otra parte, el espacio expositivo se concibe como un alter ego al espacio de trabajo: lo dinámico se torna estático; lo fluido se torna focal; y la multiplicidad en singularidad. El espacio no se descubre, sino que se presenta de una vez. No hay sorpresas ni preguntas. Es un espacio sobrio y directo cuya intención es la de no distraer al visitante de lo realmente importante ahí: lo expuesto. La unidireccionalidad se enfatiza por la presencia de 6 mesas que cuelgan del techo. Una vez el material expositivo se posa sobre las mismas, éstas quedan reducidas a largas y sencillas líneas flotantes en el espacio cediendo su protagonismo e ingravidez al material expositivo.