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casa proa | Arquia - Centro de Documentación
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casa proa

casa proa

Descripción

Esta vivienda de esparcimiento se construye sobre una antigua majada, como se conocen en la Sierra de Aracena las edificaciones auxiliares que servían como casas de apero, despensa o gallineros. Es esta condición por la que se ubican al borde de la población, estando así más próximas a las ricas huertas, como las que bordean Cortelazor. La majada que encontramos aquí había caído en desuso y estaba próxima a la ruina.

La pequeña construcción se asienta sobre una compleja geometría pentagonal deudora de una estructura de la propiedad moldeada durante generaciones. Compaginar la difícil condición espacial con la exigencia de un razonable programa doméstico supuso el reto principal de la intervención. La estrategia adoptada, muy condicionada por la proximidad del límite, resuelve el proyecto con recursos muy sencillos.

Comenzando por la distribución de la vivienda, para la cual se concentran los usos subsidiarios (servicios, calefacción, cocina, almacenaje, escaleras…) en el perímetro, quedando así liberada una clara centralidad doméstica que bajo rasante ocupa la cocina-comedor, en la planta baja el salón y en planta alta un dormitorio-estudio.

Esta disposición le confiere una característica cualidad de cascarón horadado, un ámbito protegido que no se restringe a la interioridad, sino que se abre con generosos vanos que apuntan a la profundidad del paisaje. Valle y monte, acogidos en la calidez doméstica, prestan su inmensidad al seno de un hogar humilde. Quizá sea ésta su mayor pretensión, pues, por lo demás, la experiencia del habitar procura una renovada vita simplex construida en torno al alimento, el descanso o la conversación.

Más allá de estrictos requerimientos normativos de integración arquitectónica el proyecto se asienta sobre el extenso terreno común que comparten la arquitectura popular y el gusto contemporáneo. La lectura en clave actual del suelo estético de la tradición se traduce, nuevamente, en un elogio a la sencillez, manifiesta en una paleta compuesta de madera, teja, baldosa de barro y el omnipresente blanco.

Casa Proa es la primera muestra de un modelo de gestión orientado a recuperar pequeñas edificaciones obsolescentes y proveer a sus propietarios de modernas viviendas de bajo coste en entornos de calidad ambiental.

Autoría y colaboradores

Autor

Carlos Gómez Sos

Información

Dirección

CALLE, Virgen Coronada, 17, 21208, Cortelazor, ESPAÑA

Fecha de inicio

2014-09-01

Fecha de fin

2016-03-01

Superficie construida

110

Coste por metro cuadrado

650

Geolocalización

37.937270000000000,-6.624180000000024

material

Cerámica

Tipo de uso

Rehabilitación

Mención en el III Concurso de Arquitectura de Teja en la categoría de rehabilitación

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Esta casa en esquina se encuentra en la parte alta de Cortelazor. En su parcela existía una vivienda obsolescente que se ha procurado preservar en lo posible, desde la conservación de los muros portantes a la estructura de madera de la cubierta. La actuación se trata de una variación sobre la práctica local del remonte de viviendas. Donde en lugar de ampliar en el plano horizontal, por apilamiento, se hace en el vertical, por contigüidad.

En su imagen exterior la vivienda se funde con la costumbre de huecos pequeños e irregulares de las calles aledañas, con aperturas que proveen de luz y vistas a la profundidad del paisaje de Cortelazor y sus montes.

Partiendo desde la intrincada relación de estancias a distintas alturas del inmueble original, se opta por una clarificación del espacio, que queda unificado en un mismo volumen que optimiza las limitaciones urbanísticas del lugar. Tanto es así que únicamente los baños y armarios menores se separan mediante particiones. Esta decisión amplifica los 57m2 construidos en planta, percibidos con tan solo cruzar el dintel de la vivienda.

Bajo un forjado de maderas recuperadas se muestra la sala principal que reúne cocina, salón y comedor. Pasada la primera crujía, se descubre la vocación de continuidad en la casa, pues es aquí donde la doble altura deja entrever el dormitorio de la planta superior. Una sencilla estrategia que torna las angosturas originales en amplitud y luminosidad.

La altura de los muros obliga a establecer diferencias en los planos de cerramiento, para así evitar un exceso de monotonía. Esto se logra enfatizando el cambio de material que se produce al construir sobre el inmueble original con muros capuchinos. Dejando, asimismo, nuevas trazas de la casa ampliada.

El empleo de esta solución para los muros de carga resulta una innovación en la Sierra de Aracena. Al igual que en otros proyectos, se desdobla el muro de carga colocando el material aislante intermedio. Una solución que optimiza recursos, más si cabe cuando la cara interior permanece sin revestir, incorporando así la cara rugosa e irregular del ladrillo perforado a una paleta que redefine la rusticidad en nuestro tiempo. Sumado a la teja, la baldosa de barro artesanal, las puertas de castaño y el blanco, configuran los elementos base sobre los que leer la tradición en clave actual.

VITA SIMPLEX: Hacia el refugio contemporáneo
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VITA SIMPLEX: Hacia el refugio contemporáneo

VITA SIMPLEX es consecuencia de una intensa investigación sobre la operatividad y vigencia del refugio en el habitar contemporáneo. El refugio es un Trabajo Fin de Máster para el Máster Ciudad y Arquitectura Sostenibles de la Universidad de Sevilla. Como argumento es el cristal desde el que observar un mundo de esferas autocéntricas que, en fricción incesante con sus vecindades, definen el paradigma cultural egotista en el que nos desenvolvemos.

De aquella investigación deriva la aplicación práctica de VITA SIMPLEX, un modelo de gestión que se propone poner al alcance de una mayoría la posibilidad de disponer de espacios inmersos en enclaves de calidad social y ambiental.

[ENLACE A LOS VíDEOS DESCRIPTIVOS]

¿Por qué es Vita Simplex importante?
Desde tiempo inmemorial el hombre se ha sentido atraído por lo natural. Es algo atávico, edénico, si se quiere. Tanto es así, que ni la sedentarización ni la civilización han podido frenar este impulso centrífugo. A poco que indaguemos en la historia pronto emerge la memoria del sabio, el filósofo, el monje o el asceta que, sin mirar atrás, escoge la senda del sosiego. Sin detrimento del no menos prolífico retiro epicúreo del hedonista, al que mueve, más bien, la promesa de deleite y satisfacción.

Pero esto no es sino un esbozo, cada sociedad, en cada época, ha sabido revestir esta pulsión ancestral de atributos propios. Fenómenos como el hacinamiento y la degradación urbanas del XVIII en adelante no hicieron sino acentuar el atractivo de lo natural, para entonces ya confundido con la sencillez de la vida campestre. Éste es el caldo de cultivo del que se nutre el discurso anti-urbano y del que surgirán numerosas e interesantes propuestas.

¿Qué propone Vita Simplex?
El concepto Vita Simplex nace para dar una respuesta al anhelo de retiro de un modo que resulte acorde con los tiempos. Fruto del análisis y la investigación llegamos a la conclusión de que el refugio contemporáneo debe dar respuesta ineludiblemente a tres demandas esenciales.

En primer lugar ha de cumplir con la condición de densidad. Según nos acercamos al próximo billón de habitantes parece ya seguro que la antigua aspiración a la casa privada -entendida ésta como dominio exclusivo sin interferencias ajenas- está seriamente comprometida. El nuestro es un mundo de densidad e intercambio, asumir esa variable es indispensable para todo refugio actual. En este sentido las poblaciones pequeñas se nos siguen antojando como idóneas en el delicado equilibrio entre vecindad y privacidad.

La simplicidad es un fundamento central en el ideario VITA SIMPLEX. En el interior del impulso centrífugo arraiga un vivo deseo de descongestión de la amalgama de requerimientos propios del moderno existir. Los hogares que proponemos sirven de desanudadores de este super-entramado impuesto. Por ello vuelcan la experiencia del habitar en los gestos cotidianos más sencillos: el alimento, el descanso, la conversación… Lo mismo se traduce al diseño del hogar, siempre claro, conciso y sin aspavientos.

Pero esto no ha de entenderse como un confinamiento interiorizante en la casa. Muy al contrario, Vita Simplex tiene una tercera dimensión proyectante, mira al exterior en busca de una contextualización. A este principio dimos en llamarlo cosmicidad, en tanto que nos sitúa en el mundo, entretejiéndonos en el gran relato de la existencia: desde el madurar del fruto, hasta el espacio profundo que la luz urbana nos vela. Y muy especialmente, apelamos al redescubrimiento del vecino, no como agente tóxico, sino como aliado y compañero en el común discurrir.

¿Cómo funciona Vita Simplex?
El programa de Vita Simplex ha pasado del papel y se plasma ya en realidades tangibles. Esto es así porque viene acompañado de una clara hoja de ruta que, comprendiendo las dificultades, expone los medios y estrategias para superarlas ¿Dónde ubicar estos refugios?¿Quiénes los habitarán?¿Es económicamente viable? Son todas preguntas que encuentran aquí su debida respuesta.

Como es sabido la mecanización profunda del campo ha alterado la fisonomía del mundo rural. Una consecuencia colateral de este hecho está en la obsolescencia de un buen número de pequeñas parcelas que no mucho tiempo atrás fueron cuadras, establas, gallineros, etc. Por sus dimensiones habituales presentan cualidades suficientes para acoger obras de ampliación con capacidad para el programa doméstico habitual. Esto es, casas de dos plantas, algunas de ellas con semi-sótano, con lo necesario para una pareja o familia joven y con capacidad para aceptar visitas ocasionales.

Tal y como están concebidos los hogares simplex desean atraer a un variado grupo de personas. Desde el ya residente en el campo que desee mudarse o disfrutar de una segunda vivienda, hasta el urbanita en busca de aire fresco, sin olvidar al extranjero de la costa, a quien puede interesar diversificar su estancia, y aquellos otros que van más allá del sol y playa.

Si el espectro es amplio es porque la oferta que planteamos es factible, incluso para un contexto como el presente. La clave está en la sencillez, el volumen edificado y, sobre todo, la supresión del factor especulativo. Actuando desde el principio de la auto-construcción, VITA SIMPLEXpromueve un urbanismo maduro y responsable, acorde con la legislación, que desde la reforma interior no contribuye a la depredación del suelo.


Oficina en La Posada de Galaroza
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Oficina en La Posada de Galaroza

La actuación persigue intervenir desde el sentido de continuidad e integridad, sin excesos ni imposiciones. Esta actitud contenida nos resulta útil a la hora de sustraernos de la letra menuda, que en actuaciones puntuales había emborronado sobremanera la imagen de conjunto. Tan sólo con la elección de una cuidada paleta de color atajamos la disparidad externa de la vivienda. La escala de grises, desde el blanco del muro encalado al negro del metal, tiende un manto de íntegra homogeneidad sobre fachadas de huecos dispares. Como resultado la casa contribuye a restablecer una relación armónica con el entorno que el deterioro y la iniciativa fragmentaria habían seriamente trastocado.

La costumbre del urbanita tiende a ver las puertas como lugares planos y de mero tránsito. Sin embargo rápidamente se cae en la cuenta que la puerta aquí, con su umbral, su portada, su postigo de luz, su pesado cerrojo, su postigo de paso… es en verdad un espacio en sí mismo, un lugar habitable. Es por esto que se no se escatimaron esfuerzos en la ardua labor de recuperar los valores esenciales del elemento. En su interior, en blanco neutral y sustraido lo accesorio, se revela, en toda su magnitud, una funcionalidad tan genial como sencilla. Cara al exterior la presentamos desnuda, sin alharacas, tal cual, y concentramos todos los añadidos (manilla, cerradura, llamador, bocacartas y placa publicitaria) en un único marco metálico.

Son, asimismo, piezas que viven el tiempo, así al caer la noche el protagonismo se va desplazando paulatinamente al interior, que la luz artificial pasa a revelar. Aparece el zaguán, entre preámbulo del hogar y extensión de la calle. En cierto modo es la tarjeta de presentación del hogar, escaparate de lo doméstico, donde se ha de volcar lo mejor de uno mismo. Así lo entendieron siempre los moradores ancestrales, que reservaron lo mejor de sus esfuerzos para embellecer esta sala. La zona noble de esta casa labradora no está en ornamentadas estancias ocultas, sino aquí, toda una elocuente declaración de principios.

Recogiendo el testigo, en esta intervención, que hemos de entender como un jalón más en la historia de La Posada, colocamos la capa que entendimos mejor nos representa, en tanto que sobrevenidos rústicos en la edad de la conectividad. Pocos elementos, la mayoría recuperados, emblemas de parquedad y humildad, sin desdeñar el cariño por el detalle y, muy especialmente, el color. Dar decoro a una antesala de este volumen es, ante todo, aprender a doblegar al horror vacui.

Más que «trasvestir de tipismo» con una memorabilia de lo rústico se trata de aprender a descubrir la belleza inherente a lo sencillo. Volver a mirar y pensar las capas de pintura desprendida, la baldosa desgastada o la viga sin escuadrar, como lo que son, huellas de un habitar añejo. Y aportar y superponer en consecuencia, con elementos tranquilos, de clara materialidad, sin importar su origen, ya sean fabricados personalmente —como la lámpara Frigia o la renovada silla Achtteile— o comprados online —caso de los pósters de Pantone.