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casa dosmaestros | Arquia - Centro de Documentación
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casa dosmaestros

casa dosmaestros

Descripción

Esta casa en esquina se encuentra en la parte alta de Cortelazor. En su parcela existía una vivienda obsolescente que se ha procurado preservar en lo posible, desde la conservación de los muros portantes a la estructura de madera de la cubierta. La actuación se trata de una variación sobre la práctica local del remonte de viviendas. Donde en lugar de ampliar en el plano horizontal, por apilamiento, se hace en el vertical, por contigüidad.

En su imagen exterior la vivienda se funde con la costumbre de huecos pequeños e irregulares de las calles aledañas, con aperturas que proveen de luz y vistas a la profundidad del paisaje de Cortelazor y sus montes.

Partiendo desde la intrincada relación de estancias a distintas alturas del inmueble original, se opta por una clarificación del espacio, que queda unificado en un mismo volumen que optimiza las limitaciones urbanísticas del lugar. Tanto es así que únicamente los baños y armarios menores se separan mediante particiones. Esta decisión amplifica los 57m2 construidos en planta, percibidos con tan solo cruzar el dintel de la vivienda.

Bajo un forjado de maderas recuperadas se muestra la sala principal que reúne cocina, salón y comedor. Pasada la primera crujía, se descubre la vocación de continuidad en la casa, pues es aquí donde la doble altura deja entrever el dormitorio de la planta superior. Una sencilla estrategia que torna las angosturas originales en amplitud y luminosidad.

La altura de los muros obliga a establecer diferencias en los planos de cerramiento, para así evitar un exceso de monotonía. Esto se logra enfatizando el cambio de material que se produce al construir sobre el inmueble original con muros capuchinos. Dejando, asimismo, nuevas trazas de la casa ampliada.

El empleo de esta solución para los muros de carga resulta una innovación en la Sierra de Aracena. Al igual que en otros proyectos, se desdobla el muro de carga colocando el material aislante intermedio. Una solución que optimiza recursos, más si cabe cuando la cara interior permanece sin revestir, incorporando así la cara rugosa e irregular del ladrillo perforado a una paleta que redefine la rusticidad en nuestro tiempo. Sumado a la teja, la baldosa de barro artesanal, las puertas de castaño y el blanco, configuran los elementos base sobre los que leer la tradición en clave actual.

Autoría y colaboradores

Autor

Carlos Gómez Sos

Información

Dirección

CALLE, Puerto / Cuesta, 5, 21208, Cortelazor, HUELVA, ESPAÑA

Fecha de inicio

2018-10-01

Fecha de fin

2019-03-01

Superficie construida

100

Coste por metro cuadrado

500

material

Cerámica

Tipo de uso

Edificación

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La actuación persigue intervenir desde el sentido de continuidad e integridad, sin excesos ni imposiciones. Esta actitud contenida nos resulta útil a la hora de sustraernos de la letra menuda, que en actuaciones puntuales había emborronado sobremanera la imagen de conjunto. Tan sólo con la elección de una cuidada paleta de color atajamos la disparidad externa de la vivienda. La escala de grises, desde el blanco del muro encalado al negro del metal, tiende un manto de íntegra homogeneidad sobre fachadas de huecos dispares. Como resultado la casa contribuye a restablecer una relación armónica con el entorno que el deterioro y la iniciativa fragmentaria habían seriamente trastocado.

La costumbre del urbanita tiende a ver las puertas como lugares planos y de mero tránsito. Sin embargo rápidamente se cae en la cuenta que la puerta aquí, con su umbral, su portada, su postigo de luz, su pesado cerrojo, su postigo de paso… es en verdad un espacio en sí mismo, un lugar habitable. Es por esto que se no se escatimaron esfuerzos en la ardua labor de recuperar los valores esenciales del elemento. En su interior, en blanco neutral y sustraido lo accesorio, se revela, en toda su magnitud, una funcionalidad tan genial como sencilla. Cara al exterior la presentamos desnuda, sin alharacas, tal cual, y concentramos todos los añadidos (manilla, cerradura, llamador, bocacartas y placa publicitaria) en un único marco metálico.

Son, asimismo, piezas que viven el tiempo, así al caer la noche el protagonismo se va desplazando paulatinamente al interior, que la luz artificial pasa a revelar. Aparece el zaguán, entre preámbulo del hogar y extensión de la calle. En cierto modo es la tarjeta de presentación del hogar, escaparate de lo doméstico, donde se ha de volcar lo mejor de uno mismo. Así lo entendieron siempre los moradores ancestrales, que reservaron lo mejor de sus esfuerzos para embellecer esta sala. La zona noble de esta casa labradora no está en ornamentadas estancias ocultas, sino aquí, toda una elocuente declaración de principios.

Recogiendo el testigo, en esta intervención, que hemos de entender como un jalón más en la historia de La Posada, colocamos la capa que entendimos mejor nos representa, en tanto que sobrevenidos rústicos en la edad de la conectividad. Pocos elementos, la mayoría recuperados, emblemas de parquedad y humildad, sin desdeñar el cariño por el detalle y, muy especialmente, el color. Dar decoro a una antesala de este volumen es, ante todo, aprender a doblegar al horror vacui.

Más que «trasvestir de tipismo» con una memorabilia de lo rústico se trata de aprender a descubrir la belleza inherente a lo sencillo. Volver a mirar y pensar las capas de pintura desprendida, la baldosa desgastada o la viga sin escuadrar, como lo que son, huellas de un habitar añejo. Y aportar y superponer en consecuencia, con elementos tranquilos, de clara materialidad, sin importar su origen, ya sean fabricados personalmente —como la lámpara Frigia o la renovada silla Achtteile— o comprados online —caso de los pósters de Pantone.

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Recuperación de corral

El corral de La Posada pertenecía al reverso del hogar, tradicional aliviadero de los descartes de la cara domesticada. Su condición de trasera, su acceso un tanto forzado, habían favorecido una dejadez en grado ya inasumible. Durante décadas hizo las veces de vertedero o escombrera ocasional, como reflejo su fachada desgastada, retocada en mil remiendos. En nada ayudó la inopinada implantación de agresivas especies ornamentales por parte de anteriores inquilinos; lo cual, sumado a una fértil tierra, en una de los climas más húmedos de Andalucía, había devenido en un manto de espesa maleza.

Tras el arduo desbroce se descubre un terreno en pendiente, colmado de escombros y piedras que formaban cúmulos y cercados por toda la superficie. Tanto es así, que el abultado excedente de material permitió elevar el muro pétreo divisorio y plantear una nivelación por bancal. La distinción espacial por alturas supone, a todas luces, la decisión determinante de la intervención. Se establece, por tanto, un área elevada, cobijada de la insolación y de los vientos, como idónea para el esparcimiento, y otra más baja, de sustratos de tierra espesa y húmeda, bien soleada, como reserva para el huerto que se cultivará con la próxima primavera.

El ethos de la reforma pasa por reducir el impacto de la intervención, tratando en lo posible de ceñirnos a la paleta original, sin ocasionar exceso de escombro, ni incorporaciones masivas de nuevos materiales, salvaguardando un medido equilibrio. Fue una labor eminentemente manual, en ocasiones rudimentaria, incluso. La premisa del reciclaje es siempre evidente, también en los detalles, como la solería, resuelta con baldosa hidráulica, o en el mismo revestimiento del muro tapial, logrado a partir de material rescatado de una cercana demolición. Resulta satisfactorio realzar las virtudes de lo olvidado, encontrarle un nuevo giro, en un aggiornamiento espontáneo, que en no pocas ocasiones revela posibilidades que de otro modo no se producirían.

Así sucede con el cenador abatible. De dos puertas de castaño abandonadas surgió la mesa a la que luego acompañarán sillas y tumbonas plegables; todas recogidas en un mismo plano blanco, con el que se confunde entre la sombra de un ciruelo. Una cortina desmontable protege el conjunto de las inclemencias. Pues si algo se aprende de un proyecto en exteriores es a trabajar, no en el tiempo, sino con el tiempo. Hasta el más pequeño de los gestos ha de contar con el hecho inamovible de que habrá soles de justicia, que jarreará en mayo, que helará enero y granizará en otoño. También la noche y el día imprimen su sesgo, por ello se ha procurado una iluminación que ponga en valor, de forma práctica, los planos esenciales del lugar, la fachada, el muro oblicuo secuenciado por ciruelos, las zonas de estancias, el cenador abatible, las escaleras.

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casa proa

Esta vivienda de esparcimiento se construye sobre una antigua majada, como se conocen en la Sierra de Aracena las edificaciones auxiliares que servían como casas de apero, despensa o gallineros. Es esta condición por la que se ubican al borde de la población, estando así más próximas a las ricas huertas, como las que bordean Cortelazor. La majada que encontramos aquí había caído en desuso y estaba próxima a la ruina.

La pequeña construcción se asienta sobre una compleja geometría pentagonal deudora de una estructura de la propiedad moldeada durante generaciones. Compaginar la difícil condición espacial con la exigencia de un razonable programa doméstico supuso el reto principal de la intervención. La estrategia adoptada, muy condicionada por la proximidad del límite, resuelve el proyecto con recursos muy sencillos.

Comenzando por la distribución de la vivienda, para la cual se concentran los usos subsidiarios (servicios, calefacción, cocina, almacenaje, escaleras…) en el perímetro, quedando así liberada una clara centralidad doméstica que bajo rasante ocupa la cocina-comedor, en la planta baja el salón y en planta alta un dormitorio-estudio.

Esta disposición le confiere una característica cualidad de cascarón horadado, un ámbito protegido que no se restringe a la interioridad, sino que se abre con generosos vanos que apuntan a la profundidad del paisaje. Valle y monte, acogidos en la calidez doméstica, prestan su inmensidad al seno de un hogar humilde. Quizá sea ésta su mayor pretensión, pues, por lo demás, la experiencia del habitar procura una renovada vita simplex construida en torno al alimento, el descanso o la conversación.

Más allá de estrictos requerimientos normativos de integración arquitectónica el proyecto se asienta sobre el extenso terreno común que comparten la arquitectura popular y el gusto contemporáneo. La lectura en clave actual del suelo estético de la tradición se traduce, nuevamente, en un elogio a la sencillez, manifiesta en una paleta compuesta de madera, teja, baldosa de barro y el omnipresente blanco.

Casa Proa es la primera muestra de un modelo de gestión orientado a recuperar pequeñas edificaciones obsolescentes y proveer a sus propietarios de modernas viviendas de bajo coste en entornos de calidad ambiental.