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Sueños y polvo
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Sueños y polvo

Y otras cosas
RED PÚBLICA. INSTALACIÓN URBANA EN LA BIENAL INTERNACIONAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO DE SEVILLA.
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RED PÚBLICA. INSTALACIÓN URBANA EN LA BIENAL INTERNACIONAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO DE SEVILLA.

RED PÚBLICA. INSTALACIÓN URBANA EN LA BIENAL INTERNACIONAL DE ARTE CONTEMPORÁNEO DE SEVILLA. Concurso: 1er Premio.

En la ciudad, la separación entre espacio público y privado es distinta de la división entre lleno y vacío. El espacio público se extiende por plazas y acerados, mientras que el conjunto de vacíos se dilata en diferentes formas en la construcción de cada parcela. Una representación del centro histórico que atendiera a esta situación difusa habría de llenarse de adherencias casuales, que matizarían el tradicional parcelario de calles y propiedades. Estos lugares híbridos son susceptibles de ser compartidos como espacios de resonancia, lugares de encuentro de la ciudadanía. Podemos rastrear un amplio número de espacios de pequeña escala, retales parcelarios que pueden ser incorporados a la ciudad a través de una habitabilidad “blanda” que refunde la división artificial entre lo privativo y lo participado en estos tiempos de privatización del ámbito público. La intervención pretende señalar el carácter estratégico del patio del Colegio de Arquitectos como un lugar que puede ser incorporado a la ciudad. Para ello se modela una habitación escénica roja de fácil instalación que puede ser ocupada como foro ocasional donde celebrar actividades ciudadanas. A través de una página web cualquier individuo o colectivo puede solicitar día y hora y llevar a cabo un evento en un lugar normalmente cerrado fuera del horario institucional, el vestido rojo del espacio lo convierte en un espacio escénico durante el tiempo de la apropiación del mismo. Hubo quince intervenciones ciudadanas dentro de Red Pública en los dos meses que permaneció instalada.

“En nuestro trabajo utilizamos a menudo una alfombra roja como zona de ensayo con un propósito muy claro; fuera de la alfombra el actor está en la vida diaria, puede hacer lo que quiera: gastar energías, realizar movimientos que no expresen nada en particular, rascarse la cabeza, dormirse; pero tan pronto como se halla en la alfombra, está obligado a tener una intención definida, a estar intensamente vivo, por la sencilla razón de que un público lo contempla”.

Brook, Peter. La puerta abierta. Reflexiones sobre la interpretación y el teatro.

LA OBRA ABIERTA (Vol I y II)
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LA OBRA ABIERTA (Vol I y II)

“No hay certezas y, si las hubiera, no se sostendrían en el tiempo, gran destructor.” Así comienza el texto inaugural de La Obra Abierta, en el que Eduardo Prieto reflexiona sobre la idea de la ruina a través de las obras de Giambattista Piranesi, John Soane o Robert Smithson. La cita, a pesar de abrir el libro, desvela su objetivo y su final: los espacios, lugares, historias y tiempos que contiene reflexionan sobre lo inacabado, las incertezas de la arquitectura y los pliegues de la materia.

Las obras, como la propia publicación, no concluyen en una anularidad perfecta. Siempre están expuestas a la acción del tiempo. Existe una suerte de simetría lírica entre aquello que no está terminado y lo que ha empezado ya su camino a la ruina. En torno a ese punto asintótico, respecto al que cabe acercarse o alejarse, hay una banda reverberante en la que es difícil saber si algo se encuentra cercano a su final, o si alguna vez llegó a darse por concluido y se sitúa entonces en una fase posterior de degradación. En ese espacio ambiguo y abierto se mueven los relatos de una Obra Abierta que se ha bifurcado, transformado y alterado desde la celebración de un seminario homónimo en la Universidad de Sevilla.

La densidad de historias contadas hace que sean presentadas en dos volúmenes, articulados, a su vez, en dos secciones: “Reflexiones”, en la que tienen cabida escritos propios y de autores invitados, y “Fragmentos”, compuesta de una colección de textos de referencia en los que se cruzan Franz Kafka, Italo Calvino o Marguerite Yourcenar con José Hierro, Rafael Moneo o Juan Navarro Baldeweg.

Escritura y arquitectura se diluyen, así, como líneas efímeras sobre la corriente. La arquitectura y el arte, como toda expresión creativa, son fugaces, perecederas, como lo son las hojas que componen esta publicación. Todo cuanto se escribe se convierte en polvo en el momento mismo en que se ha escrito. El interés por aquellas creaciones que se bifurcan entre lo inacabado o se encaminan hacia una inexorable ruina, es sobre lo que esta publicación quisiera reflexionar a través de la literatura. Una sucesión de espacios y escritos en los que depositar la vida misma, que mientras dura estará, por tanto, siempre inacabada, abierta.

Sueños y polvo. Cuentos de tiempo sobre arte y arquitectura
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Sueños y polvo. Cuentos de tiempo sobre arte y arquitectura

LA EXPERIENCIA DEL COLECCIONISTA

Reseña de Plácido González Martínez

En la referencial obra Art as Experience (1934), el filósofo John Dewey afirmaba que la conservación de lo esencial de las diferencias en todas y cada una de las cosas constituía, en el arte, el gran momento de la verdad. En esta valoración de la experiencia, Dewey, desde el pragmatismo, creía en el valor de cada uno de los intentos, de los procesos, de los saltos incrementales que avanzan en la reversión de la entropía. Legitimado por su contingencia, el arte como experiencia esquivará mostrarse como un proceso lineal, y desvinculándose de la objetualidad, no tendrá reparos en aparecer como resultado de un sumatorio de pruebas y errores, fallos y aciertos, como la suma de pisadas termina dibujando un camino y la costumbre del refugio crea la arquitectura.

Ángel Martínez García-Posada comienza su cuento del tiempo, la materia sobre la que versa esta colección de ensayos, citando a Marguerite Yourcenar, como introducción a la reconstrucción de unos hechos que de manera más decisiva han influido en la arquitectura de finales del siglo XX, como fue la producción artística de los años Setenta de nombres como Joseph Beuys, Gordon Matta Clark y Robert Smithson. Un momento en el que la experiencia llevaba a mover la tierra, a plantar árboles y a agujerear piedras, en una reivindicación heroica contra el mercantilismo instalado en el mundo del arte y en un paso de gigante hacia la construcción del paradigma de la sensibilidad ecológica contemporánea.

Sobre esta colección de experiencias, Ángel Martínez García-Posada desarrolla una metáfora de recreación del ciclo de la vida que aparece ilustrada en el rodamiento de acero de la portada y la contraportada del libro. Como testigos de su proceder, nos podríamos remitir, en una suerte mise en abîme semántica, al propio sentido de la mencionada palabra, “metáfora”, que en el griego contemporáneo designa por igual al camión que traslada nuestros enseres en una mudanza, que al autobús que nos transporta desde la terminal del aeropuerto al avión en medio de la pista. Así, desde la observación del propio objeto editado, comenzaremos preguntándonos por el sentido del tiempo, el gran escultor que todo lo cambia, buscando el rastro de su paso por la materia.

En respuesta a este interrogante, el autor nos conduce a través del proceso de desmontaje de la cultura moderna occidental, pero no de forma ajena, sino con empatía y familiaridad, a través de la mirada de quien ya ha probado antes a hacer lo propio con un mueble, una bicicleta o un electrodoméstico, sabiendo que al colocar las piezas de nuevo, ha de quedarse pensativo ante dos o tres fragmentos que inevitablemente queden huérfanos y sin lugar, con el alivio de comprobar que al tiempo el artefacto, finalmente y de manera inexplicable, seguirá funcionando.

En este proceso de búsqueda se renuncia de manera consecuente a establecer una genealogía. Por el contrario, Ángel Martínez García-Posada realiza un trabajo concienzudo, que desmenuza una materia de tremendo peso y trascendencia en una brillante sucesión de relatos. Son éstos los pequeños fragmentos olvidados de los que hablábamos, que se colocan sobre una estructura de trece capítulos de densidad variable, como las manzanas de una ciudad a la espera de recibir nuevos habitantes en la forma de futuros contenidos y experiencias a medida que avance la prometedora carrera del autor. La imagen de la mesa de la arqueóloga Florencia Miller en Cholula sirve para ilustrar esta investigación sujeta a la imprevisible aunque deseada aparición de objetos encontrados en el tiempo, objects trouvés, invitados inesperados que sirven de manifiesto del obstinado empeño del tiempo por alterar cualquier dinámica lineal, por desinflar el optimismo ciego del positivismo y el progreso.

Objetos encontrados en los que el autor detecta la dimensión poética y romántica del paso del tiempo, de manera tan científica como los veintiún gramos que a principios del siglo XX cuantificaban el peso del alma humana, tan leve como la disolución simbólica en la atmósfera de la humedad de la tierra excavada por Michael Heizer en Displaced / Replaced Mass (1969), tan violenta como la irrupción de las luces y sombras que se apoderaron del interior anodino de la nave del puerto de Nueva York en el Day’s End (1975) de Gordon Matta-Clark. Una dimensión concretada en mínimas resonancias, aquellas diferencias imperceptibles entre objetos idénticos que Marcel Duchamp llamaba el “infrathin”, oscura idea que no podía expresarse conceptualmente, sino a través de ejemplos.

En coherencia con la definición duchampiana, Ángel Martínez García-Posada colecciona estas evidencias, con la generosidad de revelar al lector los trazos ocultos que dibujan la trayectoria que las relacionan y la voluntad, siempre inescrutable, de quien realiza con mimo y cuidado esta labor de acopio. Una actitud que renueva la confianza en los efectos inmateriales de esa lucha contra el tiempo, la fe en la inversión de la entropía que ofrecen el arte y el amor: tal vez las únicas utopías realizables, aquellas en las que la cotidianidad acontece, a la manera que el autor recuerda, como si el tiempo no existiera.

ARQUITECTURA, ARQUEOLOGÍA, TIERRA

Reseña de Vicente Luis Mora

Dos líneas paralelas rigen este bello e interesante libro de Martínez García-Posada, profesor de Proyectos Arquitectónicos de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Sevilla; en la primera, asistimos a la relación del arte moderno y contemporáneo con los elementos térreos, desde la piedra al edificio, y las diversas posibilidades de construcción/destrucción de los mismos. En esta primera dimensión destacan sobre todo los tratamientos que hace el autor de la obra del artista Robert Smithson, desde sus enterramientos de casas hasta su famosa Spiral Jetty (1970):

La segunda línea se centra en la obsesión estética sobre el tiempo, recorriendo un muestrario de posibilidades artísticas relacionadas con el tiempo en sus distintas formas: el tiempo en retracción y deterioro de Gran vidrio de Duchamp; el tiempo congelado de la foto de Proust muerto, realizada por Man Ray; el tiempo inmemorial de los obeliscos egipcios; el tiempo detenido primero y frito (literalmente) después en las Photo Fries (1969) de Gordon Matta-Clark; el tiempo arenoso de las ciudades en miniatura construidas por Charles Simonds en Nueva York y abandonadas en cualquier parte, para sumarse simbólicamente como minúsculas ruinas al deterioro urbano del entorno:

Los dos ejes del libro tienen un punto de encuentro: el arte arqueológico, la estética que se presenta a la vez como vestigio y como hallazgo, como lo viejo y lo nuevo al mismo tiempo, alterada por su sedimentación bajo la tierra (o bajo el agua, como le sucedió a la Spiral Jetty, que emergió del Salt Lake de Utah con sus piedras blanqueadas por efecto de la sal, después de treinta años de haberse sumergido todavía marrón). “La arqueología –escribe Martínez– es la autopsia del suelo, un ejercicio de investigación” (p. 17). En lo arqueológico confluyen las superposiciones estratigráficas, las capas de polvo (como en el Gran vidrio, cuyas pelusas y partículas fueron barnizadas por Duchamp para fijar al cristal el paso del tiempo), el olvido térreo, la historia hecha arena. Algún pensamiento en este sentido es memorable: “la técnica de la reflectografía infrarroja (…) permitía conocer los bocetos iniciales bajo las capas de color definitivas. Se trataba de una investigación casi arqueológica (…) la reflectografía de un cuadro de Pollock sería otro cuatro de Pollock, anteriores estados de salpicación subyacentes” (pp. 104-105).

Debemos destacar también la excelente edición de Ricardo S. Lampreave, cuidada en lo textual y exquisita en lo visual, eligiendo un blanco y negro que quizá afee algunas fotografías pero mejora el concepto plástico del libro. En la página web de la editorial, www.lampreave.es, puede verse un catálogo al que los aficionados a la arquitectura deberán estar muy atentos.

I CONGRESO INTERNACIONAL MAESTROS DE LA ARQUITECTURA CONTEMPORÁNEA: JØRN UTZON
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I CONGRESO INTERNACIONAL MAESTROS DE LA ARQUITECTURA CONTEMPORÁNEA: JØRN UTZON

El alcance de la obra del arquitecto Jørn Utzon en territorios diversos, la significación e influencia de su figura, las circunstancias de su trayectoria profesional y el contacto dilatado con nuestro país lo sitúan como un arquitecto profundamente admirado e influyente. Utzon fue además del autor de algunas de las obras emblemáticas del siglo XX, creador independiente y humanista curioso, heroico soñador de formas sublimes y adelantado de la sensibilidad ecológica, maestro de una arquitectura intemporal de valores eternos preocupada por la construcción y el lugar.

Uno de sus inolvidables dibujos descubría la esencia de su labor de proyectista, volcaba sus emociones intelectuales sobre el papel y luchaba por construirlas en formas visionarias. El arquitecto presentaba su obra a los estudiantes de arquitectura como un conjunto de trabajos inspirados en diferentes culturas de todo el mundo, señalando la importancia de su inspiración y el proceso de desarrollo hasta convertirlas en proyectos.

Hace sesenta años, escribía un texto esencial, La esencia de la Arquitectura, un sincero manifiesto sobre su modo de hacer y entender la arquitectura y la cultura. Poco después de la celebración del Congreso, Utzon murió, lo seguimos imaginando como en la célebre imagen que lo mostraba contemplando serenamente el paisaje desde la plataforma de su secreto retiro mallorquín. Dedicarle esta primera edición fue una satisfacción y un reto para los que estuvimos implicados en este proyecto.

La obra abierta. La idea de tiempo en las obras de arquitectura y de arte
Proyectos de investigación

La obra abierta. La idea de tiempo en las obras de arquitectura y de arte

Territorios y ciudades son como estatuas modeladas en el transcurso de los siglos, sedimento a sedimento, estudiar algunas obras a lo largo de los años es una forma de adivinar la semblanza de los hombres, todo proyecto es una acumulación de tiempos entretejidos. Esta propuesta de investigación, a través del estudio de algunos casos concretos, a propósito de obras de arte y arquitectura en el territorio o la ciudad, especialmente de algunos artistas norteamericanos, de su significada influencia en la producción arquitectónica y paisajística reciente, y de ciertos autores teóricos de referencia, pretende registrar esto mismo.

Artistas y científicos somos escritores que intercedemos entre la ficción y la realidad, el ayer y el mañana; la convergencia de los tres tiempos, pasado, presente y futuro, de la que hablaba Octavio Paz al cantar la modernidad. Esta propuesta también pretende estudiar el modo en que la arquitectura presente y el arte contemporáneo saben trazar esta lectura de un tiempo ambiguo que sobrevuela el presente hacia el pasado o hacia el futuro. Esa convergencia aludida de pasado, presente y futuro, incluso de otros pasados, presentes o futuros, tiene lugar a través del proyecto arquitectónico o artístico.

La investigación quisiera explicitar también cómo hoy día en nuestro trabajo en la ciudad nos ocupamos cada vez más de elementos que ya están construidos para el que puede pensarse otro final distinto, y quisiera también señalar cómo el trabajo del arquitecto consiste cada vez menos en crear formas nuevas y más en alterar otras existentes, reconociendo también la condición inacabada de toda obra.

La arquitectura o el arte, como cualquier expresión creativa en el tiempo, son efímeros, pere­cederos, cuanto se escribe se convierte en polvo en el momento mismo en que se ha escrito. Levantar obras o contemplarlas en alguno de sus estados intermedios, estudiarlos entre la estructura en construcción o la ruina esquelética, es una manera de consumir el tiempo, rindiéndole el homenaje que le es debido. La arquitectura o el arte sueñan una permanencia perpetua, y se saben en cambio, limitados y mortales: nuestro oficio es el intento de retener algo, dejar un rastro, encontrar una huella; también el sueño de alterar por un instante un cauce irremisible.

Parece que cualquier relato sea en realidad sobre el tiempo, y que ello implica nostalgia o pérdida, sin embargo no debemos pensar que sea verdad aquello que decía Augusto Monterroso de que las grandes historias son tristes, como cualquier final. De todos los tiempos, disponemos sólo de uno, el ahora, el presente es el tiempo que nunca termina de pasar. La nostalgia es tristeza por lo perdido, nos queda el presente, el arte y la arquitectura como conjuro, vehículo para saltar tiempos y lugares.

Esta investigación se plantea desde el entendimiento del proyecto artístico o arquitectónico como una proyección hacia el futuro, estrategia que permite mediante la creación arquitectónica superar el peso del pasado, fingir que el tiempo no existiera, aunque la arquitectura o el arte, como la vida, también sean un proceso de demolición. “La energía no se crea no se destruye, sólo se transforma”.

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