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Trapería 30 | Arquia - Centro de Documentación

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Trapería 30

Galería realización

Descripción

El cliente solicita el diseño de un restaurante en un reducido espacio de poco más de 200m2 dispuesto en 2 niveles con una configuración complicada ya que correspondía al bajo de un antiguo edificio.

El proyecto conecta el área de reservados en planta sótano con el área de restaurante en planta primera a través de un prisma transparente que emerge conteniendo un singular botellero y montacargas. Debido a lo estrecho del espacio optamos por no intervenir en espesor los paramentos verticales pero sí generar una envolvente acogedora en el falso techo en donde la altura existente permitió diseñar un movimiento de pliegues que abraza al restaurante desde lo alto, ocultando las instalaciones y debido a su materialidad generar una topografía de luces y sombras, al mismo tiempo que dar lugar a micro-espacios de privacidad acústica sobre las mesas y aislar de ruido al edificio.

Parte de los paramentos verticales se han cubierto con espejos o vidrio negro en un juego de reflejos que refuerzan la sensación de amplitud. Se cuidó la iluminación generando rieles en los vértices de los pliegues desde donde se direcciona la luz hacia las mesas y hacia el falso techo para demarcar sombras y reforzar así la triangulación del mismo.

Autoría y colaboradores

Autor

Manuel Clavel Rojo
Manuel Clavel Rojo

Arquitectos técnicos

Álvaro Abadía

Contratista

Clavel Arquitectos

Fotografía

David Frutos

Promotor

Café Bulevar, S.L.

Información

Dirección

C/ Peligros, ESPAÑA

Geolocalización

37.986352400000001,-1.128932699999950

Tipo de uso

Interiorismo

Sección

Próxima

II Edición 2008-2009
2010
III Edición 2010-2011
2012

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Panteón en La Alberca, Murcia. Las tumbas deberían estar cerradas para siempre a cal y canto. Son construcciones o contenedores cuyas puertas no deberían abrirse nunca. Tampoco se podrían abrir si se quisiera: carecen de pomos, manecillas y ojos de cerradura, así como de bisagras. Además las puertas están perfectamente insertadas en el edificio y se confunden con los muros. Las entradas son secretas, como secretos son los seres alados que la tumba se ha llevado consigo y los tesoros que sin duda guarda a buen recaudo. Las tumbas despiertan la imaginación y ponen a prueba el valor de los jóvenes que juegan furtivamente de noche entre las lapidas. Los materiales se usan en dimensiones y disposiciones pertenecientes a otro orden distinto al reconocible. El orden de utilización de estos materiales es el de la acumulación en capas, que se especializan en función de la necesidad de transparencia u opacidad, rugosidad o planeidad. Este criterio general envuelve a los materiales en una cierta veladura que los unifica de modo que en ciertas horas del día y ángulos de visión es difícil distinguir los materiales entre si. El lucernario se construyen por acumulación de lajas de vidrio, con un corte aleatorio y anguloso, que le da textura próxima a la pizarra junto a la que se dispone. Igual ocurre con los bloques de madera de wengué al insertarse en el perfil de corten, que al reflejar el cielo adoptan una textura próxima a la piedra. Se trata por tanto de encontrar la escala de las texturas que hablen de la singularidad de una pieza que esta pensada para durar cien años. No se trata un edificio, ni siquiera un pequeño edificio. Tampoco se plantea un monumento, se trataba mas bien de definir la escenografía para un enterramiento, planteando dos situaciones espaciales y temporales bien distintas: Sin embargo el proyecto no está terminado. Las tumbas tienen que ser edificaciones muy antiguas. El abandono en el que yacen ayuda a precisar su imagen, pues son de otra época. Cuesta pensar en una tumba acabada de construir, al tiempo que angustia evocar una tumba recién estrenada.

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La muerte inspira en los vivos una mezcla entre miedo y misterio. Morir es una transición entre este mundo y otros que nadie conoce. La tumba es el lugar donde esta transición tiene lugar. De acuerdo con esta situación las tumbas deberían estar cerradas para siempre, pues albergan misterios que no deberían ser descubiertos. Son construcciones cuyas puertas nunca deberían ser abiertas, no se deberían poder abrir incluso si se deseara, por su falta de manillas y cerraduras. Las puertas se insertan en los muros fundiéndose con ellos. Las entradas por tanto son secretas, como secretos son los tránsitos que ocurren en su interior.

El volumen tiene dos situaciones muy diferenciadas, una serie la descrita anteriormente, en la que aparentemente es imposible entrar, pero una vez que alguien nos descubre como entrar, lo hacemos atravesando la masa de color blanco puro a través de las dos puertas pivotantes, con escala fuera de referencias humanas, de lajas de vidrio cuya apariencia física nos hace dudar de qué material son realmente. Esta misteriosa puerta negra, al rotar, transforma completamente la apariencia de la pieza, estableciendo una intensa relación entre el interior y el exterior. Ahora es fácil entrar.

En el interior no hay un único espacio determinado en el que permanecer. Lugares escondidos van apareciendo en este aparentemente espacio único. Los accesos a las tumbas deben ser descubiertos, pues de nuevo carecen de manillas o cerraduras, y hay que insertar los dedos en las paredes para poder acceder a ellas. El espacio tiene una configuración en espiral, creando una percepción de movimiento con un origen claro, en la planta subterránea, pero sin un final definido, casi como una metáfora de la propia muerte. Así, en la planta superior, el tercer nivel, de nuevo aparece un cuarto espacio al que nos es difícil, pero no imposible, acceder.

Los planos de vidrio, partidos en piezas muy esbeltas y no convencionales de acuerdo con la búsqueda de la falta de realidad, se engarzan en las piezas sólidas blancas, como si fueran vetas dentro de las rocas. Una vez dentro y con las puertas de nuevo cerradas, desaparecen las referencias del exterior. En ese momento la referencia es vertical y se localiza en los extremadamente esbeltos espacios entre los vidrios y los muros que finalizan en piedras translúcidas que de alguna manera producen una percepción de falta de gravedad en el espacio blanco y puro que lo rodea.

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Restaurante Nueva Tradición

El encargo de un salón para celebraciones en un local dificil que unifica varias situaciones, como los bajos de dos edificios y que rodea un zaguán de escalera, llevó a que una vez encajada la situación de la cocina, toda la propuesta se articulara a partir de distintos grados de intimidad que permitiera tanto las celebraciones para ciento cincuenta personas ocupando la totalidad del local, como comidas privadas o simplemente tomar un aperitivo. Para ello, el salón principal, que puede fraccionarse en tres comedores aislados, se independiza de la zona de acceso por medio de grandes puertas correderas de vidrio que se esconden en la junta entre los edificios.

Del mismo modo, el local se recubrió de lamas de madera que arrancando del suelo recorren el techo en una forma curva que da continuidad a los dos espacios. Las lamas longitudinales recorriendo la estancia amplían ópticamente el espacio, al tiempo que esconden las instalaciones y mejoran acústicamente el local.

Todo ello configura el marco físico que vendrá a gestionarse a través de una iluminación flexible que se conecta íntegramente a varios carriles de techo, permitiendo cualquier distribución del local según su distinta ocupación. El lugar se mantiene en penumbra a través de unas luminarias controladas de techo, mientras que en las mesas la luz se concentra a través de unas lámparas muy especiales que delimitan áreas de intimidad dentro del ambiente general. Al mismo tiempo, la iluminación se verá acentuada por parte de los paramentos verticales cubiertos con espejos o vidrio negro, e incluso la propia madera en un juego de reflejos que refuerzan la amplitud del lugar.