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SALIDA | Arquia - Centro de Documentación
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SALIDA

FOTOGRAFIAS. Jose Hevia

Descripción

Como cada año, ARCO convoca un concurso abierto para diseñar su sala VIP, en una edición especial en la que se celebra su 40 aniversario. Este proyecto surge en un contexto muy singular: meses después de un confinamiento colectivo seguimos en una situación sanitaria excepcional y con una sensación de incertidumbre global. Con esta premisa, proponemos un espacio que atiende de forma segura y optimista estas circunstancias tan relevantes.

El proyecto desarrolla una estrategia fundamentada en tres criterios: seguridad, contexto ferial y exteriorismo.

“SALIDA” es un proyecto que visibiliza y naturaliza las distancias de seguridad que se han establecido durante la pandemia, una suerte de celebración de cómo los cuerpos se relacionan en el espacio público una vez que hemos interiorizado las nuevas métricas que pautan nuestros encuentros. El pabellón materializa esa distancia en una retícula de 3x3 metros capaz de operar como un balizamiento del interior de la sala VIP y que acaba por definir espacios donde encontrarse y relacionarse de manera segura.

La propuesta es un sistema que trabaja sólo con elementos del espacio ferial: tarima, paredes de madera aglomerada y moqueta. El pabellón repite la lógica constructiva de todos los stands de la feria, con la voluntad de integrarse como un elemento más de ARCO. Una tarima eleva a 60 cm del suelo un recinto encerrado por un perímetro continuo de 2,40 m de altura: la formación de este pedestal será la manera de distinguirse del resto de galerías. Además, el sistema prefabricado de tarima para eventos nos ofrece un medio adaptable y flexible, que ordena la retícula de balizamiento. El interior del pabellón es un enorme vaso abstracto de 1000 m2 enmoquetado en color amarillo.

Este pabellón cristaliza un deseo colectivo tras meses de confinamiento, la ilusión de estar en un exterior. El pabellón traslada a los visitantes a un paisaje exterior en el interior de ARCO. Un gran bosque de 100 abedules se dispone sobre la retícula;los arboles se convierten así en balizas naturales que ordenan las relaciones personales de todos los invitados y construyen una atmosfera ficticia y lúdica. Los abedules, al acabar la feria, serán replantados en una nueva ubicación. Volverán al exterior asegurando de esta forma que el residuo que deja la construcción del pabellón y su huella ecológica sean mínimos, el bosque de abedules tendrá la capacidad de seguir desarrollándose más allá de este encuentro efímero. Por último, un enorme sol corona este lugar en un atardecer permanente, una ensoñación.

‘SALIDA’ es un proyecto de exteriorismo que conforma una atmósfera en la que estar fuera.

Autoría y colaboradores

Autor

Gonzalo del Val

Promotor

Arcomadrid

Fotografía

José Hevia
Maru Serrano

Información

Dirección

ARCOmadrid. IFEMA

Fecha de inicio

2021-07-01

Fecha de fin

2021-12-12

Superficie construida

1000 m2

Coste por metro cuadrado

60 €/m2

Tipo de uso

Interiorismo

Sección

Próxima

VIII Edición 2020-2021
2022
SELECCIONADA

DIBUJOS

MONTAJE. Maru Serrano

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tres piezas
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tres piezas

Este proyecto responde a un contexto social y urbano que se ha desvelado en la ciudad después del paso del confinamiento y la pandemia. Inversores que han puesto a la venta pisos turísticos y por otro lado la vuelta a casa de muchos migrantes que trabajaban en el extranjero, gracias a la implantación de un mercado laboral más abierto al trabajo online. Estas dos situaciones marcan el inicio de este proyecto, la compra de dos antiguos pisos turísticos por parte de una propietaria que regresa a Madrid después de llevar ocho años trabajando entre Nueva York y la República Dominicana.

El piso se encuentra en el madrileño barrio de Lavapiés. Previamente la vivienda había estado dividida en dos pequeños apartamentos independientes, con la distribución convencional de los alquileres turísticos, salón, cocina americana y pequeña habitación independiente. La propietaria propone recuperar la unidad de la vivienda para trasladarse allí.

Gracias a los nuevos modelos de teletrabajo, podrá seguir trabajando en Nueva York desde su nuevo punto base en la ciudad madrileña. Para ello surgen unos requerimientos contrapuestos: se desea una casa disfrutable pero a la vez dinámica para trabajar y que pueda ser vivida en soledad pero capaz de funcionar con invitados y amigos de todas las partes del mundo.

Así se propone un juego de tres piezas capaces de organizar programáticamente el entorno doméstico. Tres objetos de gran escala incrustados en este pequeño piso de 70m2. Cada una de las piezas cualifica el espacio, lo doméstica y construye atmosferas diferenciadas. Una caja de madera de abedul contiene la cocina y una librería que da cobertura a la zona del sofá, una estructura alicatada de baldosa asalmonada contiene el comedor bajo un techo rojo brillante que separa la zona de dormitorios del espacio más público de la vivienda. Y por última una especie de tótem, de baldosa amarilla, distribuye alrededor de sus cuatro lados los servicios de dormitorio, vestidor, lavabo y ducha. La posición de las puertas correderas permite los usos simultáneos del dormitorio y baño, de tal forma que la habitación funcione en suite con el baño cuando la puertas están abiertas y que el baño funcione independiente cuando las puertas están cerradas, diferentes combinaciones de aperturas de puertas optimizan el uso y aprovechamiento de los programas de la vivienda.

Las tres piezas trabajan en continuidad, una suerte de narrativa espacial y extrañamente domestica, para constituir una vivienda disfrutable, abierta y cambiante.

P.A.R.C.
Realizaciones
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P.A.R.C.

El proyecto nace como respuesta a una serie de problemáticas derivadas de la antigua presencia y la drástica eliminación de una estructura natural, el lecho del antiguo Torrente del Capellà, y como estas problemáticas han ido afectando el desarrollo del tejido urbano en el entorno norte de la ciudad.

El antiguo torrente, que corría desde el bosque de Can Deu hasta su desembocadura en el río Ripoll, y hoy enterrado por un relleno de escombros y tierras de muy baja calidad, había sido un importante conector natural. Por su influencia a nivel territorial, su desaparición ha supuesto la amputación de un corredor que garantizaba el flujo libre de los cursos intermitentes del agua, la biodiversidad y la fauna de la zona. Hoy, la traza del antiguo torrente se extiende como un terreno banal, autista y poco consolidado. Un fragmento de tránsito entre lo natural y lo artificial desligado de los espacios urbanos y naturales con los que colinda.

Asimismo, este gran vacío desdibuja la ciudad anticipando su límite. Asentados sobre la cornisa que formaron la cuenca del río y el antiguo lecho del torrente, diferentes arrabales de la ciudad han ido creciendo de forma prácticamente aislada al resto del tejido urbano abocados al paisaje del parque fluvial. Una cruda condición de periferia enfatizada por el corte de varias calles que mueren en aquel lugar sin haber llegado nunca a conectar ambas 'riberas' urbanas, en contraste con el continuo tráfico de vehículos que se desplazan dentro y fuera de la ciudad por su puerta norte.

El principal objetivo del proyecto es revertir esta deriva atrófica para recuperar el equilibrio entre ambos sistemas colindantes: ciudad y torrente, simultáneamente acosados ​​por una lenta y gradual degeneración derivada de una mala convivencia. Articular su interconexión y permeabilidad garantizando la necesaria independencia de sus dinámicas características. Esto implica la dificultad de gestionar la continuidad de dos estructuras disgregadas, inconexas y virtualmente opuestas que el tiempo ha obligado a coexistir.

El ecosistema natural que regeneramos es un paisaje formado, en la parte baja de la depresión, por una cuenca fluvial y el corredor vegetal que lo acompaña, formado por el bosque de galería (o ribera), intensamente asociado a la intermitencia de las escorrentías ocasionales, y el bosque mediterráneo en las cotas más altas. Una comunidad lineal de estratos vegetales y especies animales asociadas, con distintas dinámicas de alimentación, desplazamiento y reproducción, la vida de las que discurre entre sus nichos ecológicos naturales. Los diferentes estratos vegetales componen una alfombra de hábitats específicos de cada comunidad animal, siendo la continuidad del medio capital para su supervivencia.

La continuidad de la ciudad se expresa, más que en sus edificaciones, en la secuencia formada por sus espacios públicos, donde la actividad de sus habitantes se hace visible. La calle, no obstante, toma importancia en relación a lo que conecta, y los cruces son sus puntos singulares. Estos dan sentido y escala en el espacio público urbano a menudo encarnándose en su unidad indivisible: la plaza. Es allí donde la ciudad detiene su ritmo básicamente direccional para mirarse a sí misma reuniendo las actividades humanas. Esto se hace aún más evidente en las zonas suburbanas, donde las calles a menudo toman un papel poco más que servicial, actuando como meros espacios conectores apenas vividos. En aquella ciudad de borde, la calle, carente de fuerza comercial, esencialmente vertebra; la plaza nombra.

Contra la discontinuidad de los corredores de biodiversidad, el parque ha de conformarse como un dispositivo territorial, recosiendo los flujos de biodiversidad existentes, lo que implica su correcta articulación con la naturaleza y la forma urbana. Contra la discontinuidad de los barrios, la ciudad debe saber atravesar el parque, estirando sus vectores característicos, prolongando su secuencia de espacios públicos y proyectando en este espacio sus dinámicas cotidianas. El proyecto se resuelve por la superposición de ambas lógicas. El parque da preferencia a los vectores naturales, los más delicados, pero a la vez permite el paso de la ciudad ligando nuevos nodos de programa urbano al trazado existente. Estos nuevos puntos de intensidad de uso en el interior del parque, reuniendo distintas familias de actividades, ayudan a mantener la latencia urbana. Parque y ciudad entretejen manteniendo su continuidad.

La realidad, sin embargo, obliga a este espacio a resolverse en diferentes fases, lo que dada su dimensión supone una importante dificultad añadida. Una estrategia de actuación por sectores condenaría buena parte de la población afectada a continuar viviendo sin el parque durante un tiempo considerable, y la mayoría de los problemas que se han ido gestando en este espacio continuarían sin solución. Por eso proponemos que los diferentes estadios del desarrollo del parque formen parte del ADN general del proyecto, rehuyendo expresamente pensarlos como una cuestión meramente técnica a la hora de la ejecución. En nuestro proyecto, las fases son los estadios metabólicos necesarios para la formación y el futuro desarrollo del parque.

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Un presupuesto muy ajustado determina la localización en la periferia de la ciudad. Surge como oportunidad asequible un semisótano poco iluminado. El local se encuentra en un callejón peatonal perteneciente a un conjunto de viviendas sociales de los años 60, degradadas y de baja calidad.

Se plantea por tanto un espacio contingente y afectivo que favorezcan las relaciones sociales y laborales a través de una serie de premisas: máximo aprovechamiento, compartir servicios y participar del callejón. Para simultanear programas y a su vez hacer posible que convivan todos los deseos y acontecimientos futuribles de la propietaria, el local se divide en dos espacios gemelos. Gracias a una pieza compartida que contiene diferentes servicios e instalaciones. Climatización, baños, cocina, taquillas y entrada son compartidos por ambos lados. La compacidad de este elemento permite el aprovechamiento máximo del local. En la fachada se propone un espacio intermedio, entre el exterior y el interior, que sustituye a un muro de ladrillo. Un filtro vegetal, un velo de seguridad y un contenedor de afectos son las estrategias de diseño que hacen más práctico y deseable, tanto el interior del local como el paso por el callejón.