Editorial: Volverá la aridez como ha vuelto tantas veces

La ciudad, el último territorio urbano del que escapar, o al que volver, un último vestigio de ese espacio de acumulación. El pueblo, la colonia, llena de casas, todas pequeñas e iguales, como territorio de extracción, en realidad una barriada a los pies de la montaña y próximo a la mina. Las ancianas meten la carne tendinosa en leche para que el conejo de caza ablande. Son las únicas que recuerdan con nostalgia el verdor y los animales que bajaban de las montañas hace treinta o cuarenta años. Nuevos mineros, recién llegados, las destripan y vacían sus betas en busca de minerales. Aguaceros que van y vienen provocan riadas e inundaciones. Y es que el agua llega de golpe y lo inunda todo. Un Museo de Historia Natural, a modo de invernadero, conserva, como si de una bola de nieve se tratase, fósiles y minerales, animales que no habían visto antes, flores que desconocían. La última nevada solo aparece como la imagen de un recuerdo borroso. Hoy, los pinos se secan y mueren. El cielo se pinta de un bonito color salmón. La rave es, otra vez, el último lugar de escape, una celebración adulterada que se extiende hasta que la luz del día colorea el valle o hasta que el sonido de las alarmas despierta a la población. Un extraño servicio militar, masculino, no lucha contra un bando enemigo. Ahora, sofoca los incendios de los valles provocados por la extrema sequía, una realidad recurrente que se introduce en la rutina de quienes no han podido o tenido el valor para escapar.
- Fecha de publicación
- 22 de febrero de 2025
- Revista
- Blog Fundación Arquia



