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La limitación de espacio en la clínica previa y el aumento de volumen de trabajo de los profesionales veterinarios crea la necesidad de este proyecto. Miguel, consigue tres locales que al juntarlos cumplían con las necesidades de ubicación y superficie de la clínica.
La dispar geometría y otros agentes estructurales propios de estos espacios son el principal condicionante.
En cuanto al programa, se genera una división clara entre la parte de los trabajadores y clientes.
Los usos propios de la clínica tales como salas de quirófano, despachos y demás zonas para trabajadores, absorben la geometría irregular agarrando también la parte de la fachada de la vía secundaria. Una vez regularizado, el espacio se articula introduciendo un objeto que contiene programáticamente los gabinetes que hacen de nexo entre lo público y lo privado.
Este objeto articulador del espacio es tratado materialmente con azulejo local granadino, fajalauza, generando una una fachada retranqueada y espacios interiores como la recepción y la sala de espera dividida según el tipo de mascota a ser atendida.
La utilización del material tradicional, colocado de una forma contemporánea hace que el proyecto se integre en su contexto.

El proyecto, de algo menos de 30 m² de superficie útil, se enfrentaba a la complejidad de encajar un programa amplio de cafetería en una reducida superficie. La obra arquitectónica buscaba de forma natural un fondo de mampostería y ladrillo visto de la edificación preexistente, con la intención de convertirlos en la identidad espacial y paisaje del emplazamiento. Debido a que los clientes del proyecto adoran la música reggae (uno de ellos es dj y músico reggae) y su espíritu en pro de la libertad, la música jamaicana de caravana itinerante y el amor por la naturaleza, todo ello unido a la pasión por el mundo del café y la ecología, nos obligó a tener que materializar todos estos conceptos a través de una formalización arquitectónica. Para solucionar el diverso programa se propusieron dos cajas de OSB (aglomerado de viruta de madera reciclada y económica) para aglutinar los diferentes usos y espacios de almacenaje, y a su vez para simplificar el espacio y organizar el volumen de forma sencilla. El resultado es un diálogo entre materialidad ecológica y programa compactado en un pequeño paisaje de mampostería, que han dado lugar a una continuidad entre la atmósfera del espacio y la identidad de los que la habitan.

Donde antes se situaba la plaza de mercaderes ahora se despliegan edificaciones donde, por su céntrica situación, el metro cuadrado es oro. Esta situación se da en muchos centros históricos, y genera tipologías con espacios mínimos habitables.
Cuando no hay más de 18 metros cuadrados, contando con la escalera, hay que agudizar el ingenio para encajar un programa mínimo que consiga estos metros generen un espacio habitable como vivienda.
En la insaciable búsqueda de encontrar superficie se genera una vivienda con un baño volando entre la planta 3ª y la ático, una puerta de acceso a vivienda en mitad de la escalera comunitaria y una buhardilla, que suponemos sería un antiguo lavadero, convertido en vivienda.
Habitar la cubierta, sus escasos metros cuadrados, genera un reto que nos hace sintetizar cada gesto de la intervención.
La subesctructura metálica ejecutada previamente como refuerzo nos sirve de base generar una doble altura para la cama dejando así el espacio principal vividero más amplio.
La cocina se situá descentralizada bajo el segundo faldón de cubierta en los escasos metros en los que se puede estar en pie. El resto de esta cubierta queda libre para almacenamiento y descanso.
El escaso mobiliario queda ajustado en sección adherido a la estructura metálica posibilitando el trabajo con miradas tanto a la plaza de la Romanilla como a la Torre de la Vela.

Para administrar la información recopilada, Subterritorios se organiza en subarchivos temáticos:
Arquitectura sin Arquitectos:
Dos bloques cerámicos organizadores
La simplicidad geométrica del apartamento hace que el gesto de la intervención sea sencillo y contundente. La inserción de dos bloques de baños con cerramientos cerámicos genera el espacio central de salón/cocina/entrada, y otros dos en los extremos para las habitaciones.
Este gesto va de la mano de sus acabados. La puesta en valor de solerías, carpinterías y estructura, hacen junto a la inserción de un panelado de madera mecanizada en la partición medianera el conjunto la intervención.

Actuamos en un lugar estratégico en el municipio de Armilla, perfecto para una notaría, enfrente del Ayuntamiento y con la parada del metro de Granada a los pies de la entrada.
La manera de implantarnos nos vienen dadas por las claras necesidades que tienen los profesionales que van a utilizar el espacio.
La manera de desdibujar una planta dada fue, intentar eliminar todas las particiones convirtiéndolas en mobiliario.
Según las necesidades, “el mueble”, toma distintas formas, dimensiones y materialidades para dar servicio a los usos inmediatamente anexos.
Son los tomos propios de una notaría, los que en su mayoría rellenan estos muebles.
Con un corazón translúcido en interior de los muebles particiones, estas publicaciones dan intimida entre un espacio y su anexo de una manera sutil, al contrario de cualquier otra partición interior al uso, entre mostrando la actividad que se está produciendo al otro lado con el grado de intimidad, necesario para su uso.
Además de almacenamiento el mueble se va adaptando a las geometrías y preexistencias del inmueble como vigas, descolgadas de hormigón pilares del mismo material, etc.
En cuanto a los cerramientos exteriores y medianeros, se propone para su aislamiento un trasdosado de ladrillo que alberga aislamiento térmico y al dejar las perforaciones vistas genera también una buena acústica.
Los techos se mantienen en geometría y forma, según la distribución previa, generando distintos motivos y formas en el mismo espacio.