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Una instalación industrial para la fabricación de hielo ha sido absorbida por la pequeña población de Alcalá y tiene la necesidad de adecuar, por el requerimiento de un plan director, su imagen al nuevo contexto. La fábrica no debe en adelante, dice el Ayuntamiento, parecer una fábrica.
Pero la realidad es que tampoco puede parecerse a otra cosa. Si podría, sin embargo, no parecerse a nada. Ha de ser eliminado todo rasgo que dé pistas de su verdadero ser.
Para ello se acometen tres operaciones:
En primer lugar, un cambio de volumetría. Se desdibuja su forma original. Mediante la adición de estructuras ligeras aparecen escalonamientos de transición entre paramentos y se incorporan al conjunto otros volúmenes adosados ya existentes.
En segundo lugar, una manipulación de la escala. Se elimina toda referencia dimensional. Los elementos de fachada, su despiece y huecos carecen de elementos reconocibles o dimensiones mensurables.
Por último se dota al conjunto de una materialidad contradictoria. Un aplacado masivo de madera cemento es atravesado por un juego infinito de lamas de metacrilato transparente en toda su longitud. Gravedad y crudeza junto a inmaterialidad y ligereza alejan al edificio, aún más, de las referencias materiales al uso de este tipo de construcciones.

Por un lado, la normativa municipal exige para esta zona el uso de ladrillo visto y cubierta inclinada de teja árabe. Por otro, el cliente quiere incorporar a la vivienda el espacio libre de su parcela a la vez que evitar el contacto visual desde la calle. Tradición, holgura y hermetismo.
Con estas premisas se decide fragmentar el espacio libre y repartirlo por toda la vivienda con la idea de que ésta se desarrolle ocupando toda la parcela y organizando sus estancias en torno a patios. Algunas piezas independientes del programa son de gran ayuda para este fin.
La referencia a una imagen urbana arquetípica ayuda a amalgamar requerimientos tan diversos en una forma consistente. La casa como una aldea. Las estancias como moradas y los patios como plazuelas.
La vivienda está muy expuesta visualmente, realmente es más baja y menos voluminosa que sus vecinas, pero se manifiesta como algo que trasciende lo doméstico a través del uso escenográfico que hace de la escala. El muro perimetral hacia la calle se conforma con la altura mínima para no ser visto, a partir de él la casa crece escalonadamente hacia el fondo en planos paralelos, los paños de cubierta se fragmentan para replicarse y las texturas refinan su “grano”.

El encargo se presenta como la adecuación para un consultorio médico provisional de un local en planta baja volcado en su totalidad a la plaza adyacente, con una longitud de fachada de 59 m frente a 322 m² de superficie. Se trata de un problema de fachada, de contacto con el exterior.
El antiguo muro del local es revestido con una malla de metal estirado con distintas densidades adecuándose a los diferentes grados de privacidad que requieren los huecos de las consultas.
Es necesaria la homogeneidad de la intervención, no sólo para dotarla de autonomía dentro de un entorno verdaderamente confuso y heterogéneo, sino por la necesidad de resaltar y acentuar el hecho de que son las zonas comunes (salas de espera, espacios de distribución y recepción) las que mostramos, como si de escaparates se trataran, al gran al espacio público en el que se sitúan.
Este proyecto intenta producir la ilusión de estar esperando en la propia plaza, introduciendo a modo de reflexión (espejo) la sensación de estar rodeado por su espacio y sus transeúntes. Las consultas asimismo también establecen su propio grado diferenciado de relación con el exterior.
El proceso es reversible. El transeúnte se encuentra reflejado en el interior de una arquitectura de servicio público, que la hace suya, más accesible y comprensible.

Este proyecto ensaya una solución habitacional que introduce valores urbanos de la ciudad tradicional en un bloque de alta densidad residencial en altura. Toma como referencia las cualidades ambientales del Toledo medieval y las incorpora a través de soluciones análogas.
El programa recibido encerraba una altísima densidad residencial en un paralelepípedo de 15 plantas de altura y una crujía menor de 25 metros. Planteado como un problema de masividad, se propuso la búsqueda de cualidades que propiciasen un ambiente de comunidad y pertenencia al entorno. Para ello, la primera premisa consistió en el rechazo a la horadación vertical, el patio, como elemento de relación con el exterior. En un edificio tan alto sólo podía exacerbar la congestión.
La solución finalmente consiste en una estrategia de esponjamiento horizontal que permite introducir el espacio exterior hasta el corazón mismo del edificio, resultando una constelación de tipos residenciales aislados en las plantas.
El sistema de espacios comunes es crucial en la manera en que se estructura el edificio. Abierto al exterior, conecta todas las fachadas introduciendo luz natural y ventilación al interior. Las vistas cruzan el edificio de manera que desde cualquier punto siempre es posible contar con un fragmento del paisaje, proporcionando un sentido de lugar permanente y confiriendo cierta calidad urbana a los recorridos: la calle umbría, las vistas parciales y los ensanchamientos para el encuentro vecinal.
El acceso a las viviendas se hace siempre desde el espacio común abierto y nunca atravesando espacios cerrados. Las escaleras explicitan esta intención acometiendo las plantas siempre desde el exterior, y haciendo funcionar al conjunto como un sistema de casas apiladas en oposición a la idea de edificio de apartamentos. Esta imagen queda evocada en la culminación del conjunto, expresando de manera iconográfica el espíritu urbano que sirve de estructura a todo el edificio.

“Este conjunto edificatorio fue cárcel de la Inquisición por orden de Tomás de Torquemada Gran Inquisidor , en ella sólo se encerraban los reos procesados por delitos contra la fé, ya que en la localidad hubo cárcel de la gobernación y eclesiástica a parte de ésta.”
Tras la desaparición de la Inquisición en la primera mitad del siglo XIX, el inmueble deja de funcionar como cárcel y pasa a transformarse en diversas viviendas independizadas articuladas en torno a un gran patio comunitario. La reforma de una de ellas es el objeto de este proyecto.
La configuración de su espacio principal es un rectángulo de 15.5m por 3.8m de anchura. La disposición de las ventanas existentes y la imposibilidad de crear nuevos huecos impide incluir elementos de distribución. La vivienda se conforma, como su original, en una serie de espacios concatenados a los que se accede atravesando las estancias contiguas.
El equilibrio entre una sucesión de espacios compartimentados por un lado, y la amplitud que produce reconocer todo el conjunto por otro, determinaron esta solución. Una batería de carpinterías divisorias, algunas de ellas móviles, poseen una parte ciega y otra de vidrio. Esta relación entre hueco y macizo determina el grado de privacidad de cada estancia, que incrementándose en los extremos y rebajándose hacia el centro, crea una curva visual que en todo momento registra el espacio del conjunto, efecto que queda reforzado con la caracterización del techo como elemento continuo. Las carpinterías hacen referencia a las originales que se mantienen en las ventanas, con idénticas características, ateniéndose al contexto.

La intervención se realiza en un pequeño local del casco histórico de Toledo, sobreelevado un metro con respecto a una diminuta plaza y unido a ella mediante una escalinata.
Se despoja el inmueble de todo elemento secundario y ajeno a lo que en un principio fue el taller de un carpintero: se demuelen tabiques, falsos techos y revestimientos. Se abre el interior a la plaza mediante una gran puerta de vidrio. El suelo queda a la altura de los ojos del viandante, el local participa de la calle. Por último, el inmueble se cosifica mediante el uso extensivo de un único color, o la falta del mismo, gris.
Una vez que nos hemos aproximado a un espacio más neutro, pese a lo singular por otro lado, se proyecta una construcción dentro de otra.
No se necesita nada más que una superficie de trabajo y almacenamiento, cuanto más grandes mejor. Estas necesidades toman forma en el trazado de una sección. De la extrusión de esta sección nace un elemento que invade el espacio y es una máquina de trabajo, sin diferenciaciones ni jerarquías. Podría tener cualquier dimensión, es tan grande como permite el espacio en el que se encuentra. Este elemento posee su propio suelo y alberga todas las instalaciones necesarias para su funcionamiento. Construido como un barco, podría un día abandonar el lugar en el que nació para ocupar otros lugares.
Sobre un esqueleto de madera se despliega una piel de metacrilato traslúcido y satinado que condensa la luz, no proyecta sombras y muestra su estructura y objetos confinados sin contarlo todo.

La vivienda se sitúa en la colonia de Cañero, cerca del casco histórico de Córdoba, por lo que se ve afectada por una normativa prácticamente idéntica a la de esta zona. Las condiciones de partida son su escasa superficie de parcela en relación con el programa demandado por el cliente. Sólo nos quedaba recurrir a la altura.
El edificio entre medianeras se divide en dos partes que contienen todo el programa de la casa en varios niveles. Estas partes se vinculan mediante un espacio libre de triple altura. En este espacio se encuentra una escalera, cuyo recorrido discurre libre entre los límites de su contenedor, sin crear contacto salvo cuando desembarca en una estancia.
Es una escalera autónoma, es un como un mueble más porque se adapta al espacio de que dispone pero podría haber sido otro. Sus tramos se ramifican, es en realidad un organismo. Es el referente visual, espacial y programático de la vivienda, su mayor habitante. La casa parece haber sido construida para ella y la recorre con energía hasta su último rincón.
Al final del solar se encuentra un pequeño patio que supone una extensión salón y aporta luz y ventilación a las estancias traseras. La vivienda se remata en cubierta con una terraza y una pequeña piscina, de un metro de altura, que aporta a través de su vaso, mediante una pared de vidrio, luz natural y artificial al espacio central.

El conjunto que se sitúa sobre la escalera mecánica, se conforma mediante una matriz de de luminarias de tableros de alta densidad que no llegan a tocarse. En el interior de estas cajas, se sitúa en diagonal una lámina de metacrilato translúcido blanco que será la encargada de trasmitir y matizar la luz que le llega desde uno de sus extremos por una línea de LEDS. Al tratarse de un espacio oblicuo, la matriz perderá densidad de forma gradual a medida que aumenta en altura.
Una vez finalizado el Showroom CHAFIRAS para la exposición de material cerámico, se encarga a este estudio la iluminación artificial de dos grandes espacios acristalados en su cubrición; el hall de entrada y el que ocupa las escaleras mecánicas. La excesiva entrada de luz solar, poco adecuada para este tipo de establecimientos comerciales, plantea responder con una misma actuación que aúne iluminación artificial y el control de la luz natural. Por tanto estos sistemas serán reversibles y complementarios, actuando como lucernarios cuando la exposición solar sea excesiva, y como luminarias cuando esta se atenúe o desaparezca. Estas dos fuentes de luz (natural y artificial) se generan de forma opuesta, allí donde no hay una de ellas aparecerá la otra y esto, sumado a sus ya diferentes cualidades, hará estos espacios cambiantes y ricos en matices.
El carácter modular de estos sistemas y la posibilidad de variación entre sus partes conlleva la posibilidad de adaptación a distintos usos y espacios. A pesar de haber sido concebido a partir de unas necesidades concretas, la solución resulta exportable.
De alguna manera estos sistemas trabajan con la luz, del tipo que sea, y buscan en la combinación de ambas en el transcurso del tiempo su razón de ser.

El sistema que se encuentra en el espacio de recepción, se resuelve mediante una cruz de metacrilato satinado transparente, colgada y sustentada mediante sus propias piezas, para permitir, tanto la entrada de luz cenital, como la difusión de luz artificial sin ningún obstáculo. El resto del espacio se cubrirá de forma opaca para hacer de este elemento la única entrada y emisión de luz. La materialidad de este elemento difuminará la luz, transmitiendo homogeneidad lumínica.La utilización de la tecnología LED evidenciaba el contraste entre ambos sistemas lumínicos, ya que esta se “materializa” de forma lineal, lo que subraya de forma intencionada su artificialidad frente a la fuente de luz natural.
Una vez finalizado el Showroom CHAFIRAS para la exposición de material cerámico, se encarga a este estudio la iluminación artificial de dos grandes espacios acristalados en su cubrición; el hall de entrada y el que ocupa las escaleras mecánicas. La excesiva entrada de luz solar, poco adecuada para este tipo de establecimientos comerciales, plantea responder con una misma actuación que aúne iluminación artificial y el control de la luz natural. Por tanto estos sistemas serán reversibles y complementarios, actuando como lucernarios cuando la exposición solar sea excesiva, y como luminarias cuando esta se atenúe o desaparezca. Estas dos fuentes de luz (natural y artificial) se generan de forma opuesta, allí donde no hay una de ellas aparecerá la otra y esto, sumado a sus ya diferentes cualidades, hará estos espacios cambiantes y ricos en matices.
El carácter modular de estos sistemas y la posibilidad de variación entre sus partes conlleva la posibilidad de adaptación a distintos usos y espacios. A pesar de haber sido concebido a partir de unas necesidades concretas, la solución resulta exportable.
De alguna manera estos sistemas trabajan con la luz, del tipo que sea, y buscan en la combinación de ambas en el transcurso del tiempo su razón de ser