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Una alfombra de bienvenida en la puerta de una casa habla de calidez, hospitalidad y optimismo. La propuesta es un edificio que invita a entrar y a ser vivido, a que se habite y se disfrute. El edificio se articula mediante un corredor que no es un mero elemento de conexión sino un modo de habitar y que extiende una alfombra programática en la puerta de cada casa.
Conceptualmente el proyecto es la suma de dos elementos: una unidad residencial privada más un volumen público que actúa de transición entre la ciudad y la vivienda. Un espacio que promueve las relaciones, la improvisación y la interacción y que persigue un único objetivo, sacar la casa a la calle, conquistar el espacio exterior que lo rodea y colaborar en la idea de barrio, de ciudad.
La elección de una tipología de vivienda pasante se basa en criterios de calidad lumínica (sol de sur en las zonas de día) y de una correcta ventilación cruzada norte-sur para conseguir una arquitectura de bajo coste energético.
A está unidad tipológica se le adosa una pieza abierta y permeable de acceso a las viviendas que enfatiza la expresividad de la vida doméstica. Este espacio extra es una extensión de la vivienda (zona de juegos y lectura, espacio para bicicletas, tendedero, jardín de invierno…) Una pieza que articula la vida del edificio y de la propia vivienda, a la vez que separa 3 metros las pasarelas de acceso de las viviendas para dotarlas de la debida privacidad. Construye el porche de la casa, un espacio que recibe, se habita y da la bienvenida.

El proyecto cose el pasado de la península de Santi Petri con el futuro recuperando espacios y un imaginario con el que tanto los habitantes del viejo poblado como los nuevos usuarios se sientan identificados. Por ello, se respeta la estructura urbana original y se cuidan los pocos vestigios que aún sobreviven. Para la materialización formal de la propuesta se conserva la definición volumétrica del viejo poblado y se procede a limpiarla de elementos superfluos y ornamentos para reinterpretarla con las nuevas construcciones.
La intervención se organiza siguiendo el eje norte-sur original que vertebra el conjunto de la península, se potencian las conexiones transversales entre las lenguas de agua y se hipertrofia la Plaza de la iglesia como elemento articulador y centro de la vida urbana. Funcionalmente, se reorganizan las circulaciones y se elimina el tráfico rodado del conjunto de la península. De esta manera, se genera un espacio marítimo peatonal en todo el perímetro que la relaciona con la reserva natural y el castillo de Sancti Petri.
El resultado es el de un proyecto con una imagen respetuosa con el entorno y arraigada en el imaginario colectivo sin perder por ello la contemporaneidad.