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Una ciudad dentro de otra ciudad. Proponemos la construcción de cinco torres, una “cortina” que se pliega generando un sistema de plazas interconectadas como remate de las avenidas que estructuran el nuevo campus universitario. Un escenario desde el que tejer nuevas relaciones entre estudiantes, universidad y ciudad.
El primer paso será la construcción del soporte: un gran plano cerámico poblado por árboles de gran porte y pequeños grupos de bancos cobijados a su sombra, del que emergerán las torres. Bajo él se desarrollará el aparcamiento, resuelto como una superficie continua levemente inclinada, lo que nos permitirá optimizar su funcionamiento dando cabida al número de plazas requerido en una única planta. Las plantas bajas de los edificios serán ocupadas por usos comunitarios: biblioteca, gimnasio, restaurantes, tiendas de reprografía, informática, papelería, etc., caracterizando el ambiente de los distintos ámbitos de la plaza.
Las plantas de vivienda resuelven tipos de uno y dos dormitorios. Frente a modelos que interpretan la flexibilidad como un problema de reconfiguración espacial a través de elementos móviles, planteamos la disponibilidad como estrategia de ocupación. Una terraza de 1,5m de ancho, protegida por una celosía metálica, permitirá ampliar el espacio habitable buena parte del año, sirviendo a su vez como elemento de control solar. La altura libre será de tres metros, reduciéndose tan sólo en las zonas húmedas para cobijar la instalación de climatización. La atmósfera que se pretende crear mediante el ajuste de la escala, definición material y matización de la luz se aleja de los estándares de vivienda social, favoreciendo la creación de relaciones afectivas entre los estudiantes y su paso por la Universidad.
Finalmente las torres se rematan con unas “coronas brillantes” que contienen salas de estudio. Un espacio desde el que mirar y ser visto. Desde él tendremos una visión amplia del horizonte, dominando tanto el campus como la ciudad histórica. Desde la distancia aparecerá como una marca en el paisaje, anclando la universidad al territorio.

Cuando alguien preguntó a Matisse por qué había representado de color rojo las paredes de su estudio cuando, en realidad, eran blancas o grises, por toda respuesta acompañó a su interlocutor al jardín, que lógicamente era verde, como queriéndole decir que ese rojo era el complementario del exterior, la sombra de la luz tamizada por las plantas.
Desde un principio se pensó en hacer de toda la parcela el proyecto, no un proyecto en la parcela: considerar ese exterior complementario como parte indisociable del interior, proponer una arquitectura teñida de rojo. Para ello, el nuevo edificio se diluye en un sistema de muros pasantes que dibujan, sin cerrar, jardines que permiten filtrar y acotar las vistas, liberando fugas, derramando unos espacios hacia los contiguos. De este modo se pretende dar respuesta a dos deseos aparentemente contradictorios: de una parte proponer una arquitectura protectora, estable, que garantice la intimidad necesaria para los usuarios; y de otra una arquitectura de límites difusos, fluida, en la que interior y exterior colaboren en la definición de una atmósfera amable y placentera.
Estos lienzos, telón de fondo de la acción, se construyen con un ladrillo rugoso de tono similar al marés que encontramos en el zócalo del edificio existente. La naturaleza, artificialmente salvaje, vibrará en este interior luminoso.
Se ha optado por liberar la mayor parte del solar de los coches que actualmente inundan el lugar, proponiendo un aparcamiento en planta sótano con acceso desde la calle Uruguay. El grueso del programa se resuelve en planta baja, lo que permite esponjar las zonas de espera. De esta manera el edificio se define como una sección, un pliegue en este exterior esencialmente continúo.

Cuando alguien preguntó a Matisse por qué había representado de color rojo las paredes de su estudio cuando, en realidad, eran blancas o grises, por toda respuesta acompañó a su interlocutor al jardín, que lógicamente era verde, como queriéndole decir que ese rojo era el complementario del exterior, la sombra de la luz tamizada por las plantas.
El proyecto surge del deseo de intensificar la relación entre los espacios expositivos cubiertos y los exteriores, de potenciar la idea de complementariedad entre ambos. Frente a la estructura actual del Museo, en que la edificación aparece como remate de un parque de desarrollo lineal, se decide fragmentar el programa, proponiendo la construcción de dos nuevos pabellones situados estratégicamente en el jardín. Las tensiones generadas por estos en su encuentro con la ciudad y el Museo redefinirán la identidad del conjunto, cohesionándolo y favoreciendo nuevas lecturas del mismo. Una arquitectura teñida de rojo.
La ubicación elegida para estos pabellones será la articulación que se produce en el encuentro entre la Avenida del Doctor Fleming y la Avenida del Museo. Esta decisión corresponde a varios motivos: por un lado nos permitirá ver y ser vistos desde los dos brazos de parque; por otro la proximidad a la ronda de circunvalación, así como su condición de remate de la calle de Getafe, dotará a la nueva edificación de una deseada presencia urbana.
El proyecto de construcción de los nuevos pabellones llevará aparejado el desarrollo de dos operaciones paralelas: la reforma del edificio existente y la reurbanización del parque. De este modo el proyecto queda caracterizado por tres estrategias complementarias, abiertas en el tiempo, que construirán la base sobre la que establecer un diálogo con los agentes implicados en el desarrollo del Museo:
1. Los Pabellones
Los dos nuevos pabellones albergarán las salas de exposiciones temporales y una cafetería.
El primero contará con una terraza-mirador para la exhibición de esculturas al aire libre y un amplio vestíbulo, que podrá ser utilizado como lugar de expositivo en continuidad con el parque. Las plantas intermedias serán introvertidas, salas diáfanas de iluminación homogénea que pretenden estar más cerca del taller del artista que del museo convencional. En el sótano se situarán los aseos, así como cuartos de instalaciones y almacenes.
La ubicación y forma de los pabellones es la respuesta, traducida al trazado de la planta y la sección, de dos cuestiones relativas a su relación con el parque y la ciudad. Por un lado se pretende que la percepción de los mismos sea igual desde cualquier dirección, edificios sin frente ni trasera que inviten a ser explorados libremente. Por otro se propone un desarrollo vertical para el pabellón de exposiciones, rematado con una terraza-mirador que nos permitirá una visión inédita del conjunto y representará al Museo en el paisaje.
La geometría cilíndrica resultante, ajena a la ciudad, dota al edificio con un gesto mínimo de una presencia clara, una fuerte carga iconográfica que le permitirá representar la nueva transformación del Museo de Escultura de Leganés.
2. Las Dehesillas
Se propone la reforma parcial del edificio Las Dehesillas mediante una serie de operaciones quirúrgicas cuya prioridad es la mejora de la calidad de las salas, que se destinarán a la exposición de los fondos permanentes, y el auditorio. Dado que se prevé albergar la cafetería en uno de los nuevos pabellones se plantea la posibilidad de convertir el restaurante actual en librería y una pequeña biblioteca de apoyo al Centro. El resto del programa: talleres y aulas, almacenes, oficinas y sala de conferencias, se mantienen, quedando su reforma condicionada a un estudio detallado del presupuesto sobre la propuesta definitiva.
El reciclaje del edificio existente con la mayor economía de medios obedece a varias cuestiones. Por un lado a la convicción de que las otras operaciones propuestas pueden ser más productivas de cara a redefinir la identidad del Museo y paliar las nuevas necesidades que se plantean en el concurso. Por otro como criterio básico de sostenibilidad, tanto económica como energética.
3. El Parque de Esculturas
El parque mantiene la totalidad de los árboles existentes, a los que se suman otros nuevos a fin de desdibujar el trazado actual. Se plantea la modificación de la urbanización, dotándola de un carácter más pintoresco con la intención de hacer menos evidentes sus límites, de mostrar las esculturas de un modo menos inmediato, induciendo al paseante a descubrirlas, a formar parte activa de la experiencia del museo.
Se propone también la construcción de una pasarela peatonal elevada que cruce la Avenida de los Derechos Humanos, ampliando así la superficie del Museo, lo que permitirá un mayor esponjamiento de las piezas expuestas.

Se trata de proyectar un centro médico de 18 consultas en el interior de una manzana de ensanche de los años setenta en Málaga, un espacio presidido por traseras y medianeras, un lugar doméstico y privado. Proponemos encerrar las consultas en el interior de un muro en torno a un patio, como dos pabellones amurallados ajenos al indiscreto mundo de ventanas, tendederos, antenas y aparatos de aire acondicionado que pueblan los alzados interiores de las viviendas. Así, además, las consultas están a mano, sin circulaciones verticales, siempre mirando a nuestro patio: un tiempo lento. También teníamos que resolver una serie de usos auxiliares, administración, aulas, bibliotecas, salas de reunión…, pensamos que todas estas dependencias están a caballo entre lo público de la calle y lo privativo de las consultas, por lo que proyectamos apilarlas y que favorezcan el encuentro entre el edificio y la ciudad que aparece a través de la avenida del ensanche: 10 plantas de altura, tráfico, velocidad, un tiempo rápido y urbano. El proyecto resulta de estos dos tiempos y acomodos: el basamento y la torre, el primero ofrece accesibilidad y silencio, el segundo, representatividad y miradas a la ciudad, entre los dos una grieta, un adarve que procura el acceso.

En un enclave privilegiado, límite del suelo urbano con un gran pinar y límite tierra - agua, se proyecta la construcción de un centro de actividades náuticas.
En la actualidad las obras de infraestructura son piezas fundamentales en la estructuración del territorio, pero creemos que este hecho tropieza con la tendencia de las mismas a transformarse en un sistema independiente, dotado de una lógica y un funcionamiento propios. Este hecho suele derivar en la construcción de objetos aislados e incapaces de establecer un diálogo eficaz con el territorio en el que se insertan.
La ordenación de la parcela se hace desde la premisa de establecer un "diálogo velado" con el paisaje: se organizan en la zona posterior los accesos y el aparcamiento de coches y barcos (marina seca), disponiéndose la edificación en una única pieza de 90 metros de longitud que filtra y dirige las vistas, permitiendo que todas las estancias dispongan de buena orientación. El edificio de este modo se constituye en puerta del embarcadero y la playa.
La construcción se organiza longitudinalmente: al Norte las guarderías de embarcaciones, que cuentan con acceso trasero desde la marina seca y la playa. Al Sur, como remate de una avenida destinada a concentrar equipamientos, se organizan en dos plantas el resto de usos: en planta baja control de acceso, sala de usos múltiples y restaurante; en planta primera la zona administrativa, gimnasio, aulas y despachos. La compacidad del volumen se rompe interiormente para cobijar terrazas y porches, que prolongan los usos cerrados.
Hacemos del edificio un periscopio, terraza con sombra, para ver de lejos el mar y las marismas.

Se trataba de sustituir unas gradas portátiles por unas permanentes. Asumimos con pragmatismo los requerimientos propios de este tipo de edificios: control de la visibilidad, durabilidad y bajo mantenimiento. Junto a estas cuestiones encontramos dos argumentos que nos ayudaron a dotar de especificidad al proyecto:
El primero tenía que ver con el hecho de que las instalaciones existentes no habían sido diseñadas contemplando la posible aparición de unas nuevas gradas. Esto se traduce en la desconexión de la nueva pieza respecto el acceso principal, generándose un recorrido excesivamente largo. Como respuesta planteamos la construcción de dos piezas complementarias: las gradas, sólidas y estables, y una ligera pasarela metálica que las toca tangencialmente, anticipando la llegada.
Contiguo a las instalaciones se encuentra el Parque del Alamillo, uno de los más concurridos de Sevilla. Planteamos la trasera de las gradas como fachada principal, un gran letrero hacia el parque. Para ello enfatizamos la horizontalidad de la pieza mediante un potente peto de hormigón sobre el que corre un letrero a lo largo de los 77m que mide el edificio. Una gran línea gris recortada contra el ritmo vertical de los árboles.
El bajo grada se aprovechó para incluir unos aseos, una pequeña zona de personal y almacenes. El cerramiento se realizó con chapa perforada de acero galvanizado para permitir la ventilación continua de los distintos usos, suavizando al mismo tiempo la entrada de luz, y prolongando la vibración de la sombra de los árboles en el interior.

“El título Empooling quiere reproducir lo que ocurre en una playa arenosa con rocas que emergen cuando al bajar la marea se forman charcos en algunos sitios en los que se agrupan las piedras. De igual forma los conjuntos de edificios traen consigo un empooling del espacio intermedio y lo que queda dentro de este espacio intermedio puede ser extraordinariamente rico.
Tras este paralelismo subyace la idea de que el centro de tensión ha cambiado desde el edificio hacia el paisaje, hacia la acción en la configuración espacial del territorio”.
Peter Smithson
Se propone un edificio que renuncia a parte de su edificabilidad para aislarse de las construcciones vecinas con el fin de liberar una pequeña plaza que generará un episodio singular en la configuración de la Avenida de Punta Umbría, un lugar de encuentro. La planta baja, que albergará un amplio vestíbulo, la recepción, administración y una pequeña sala de conferencias, se entenderá en continuidad con dicha plaza.
La planta sótano está destinada a garajes, instalaciones y archivos, mientras que las plantas primera y segunda son módulos de oficinas que admiten su división y agrupación, facilitando la posterior adaptación a un programa específico. Se ha prestado especial atención a la organización y cualificación de las circulaciones, resolviéndose mediante “galerías-mirador”, que aprovechan las privilegiadas vistas de la fachada este como mecanismo de puesta en relación de los usuarios con el paisaje.

La parcela se encuentra situada en uno de los principales accesos al pueblo, el cruce entre la Carretera de Huelva y la Carreta La Palma-Sevilla. Tangente a la misma discurre también la Vía Verde, que se desarrolla sobre el trazado del antiguo ferrocarril minero que conectaba el pueblo con la costa onubense. Las actuaciones realizadas en el municipio en la última década han ido destinadas a la conversión de esta vía en un importante eje cultural mediante la recuperación de su rico patrimonio industrial: la utilización de la Casa Dirección como Museo Municipal; la adapatación de la antigua estación de tren como Conservatorio de Música; la transformación de los talleres de locomotoras en gran espacio expositivo para la celebración de eventos; y la construcción del nuevo Teatro Municipal.
De este modo el proyecto deberá reconocer dos situaciones diferenciadas: relación con el pueblo –dimensión pública- y con la vía verde –conexión territorial-, ajustando su escala en cada ocasión. Para ello se juega con la adaptación del edificio al terreno, aprovechando las posibilidades que ofrece su acusada topografía: utilizando el fuerte desnivel hacia la Carretera de Huelva para ganar vistas sobre la carretera, hacia el pueblo – el parque, la Ermita del Santo, la Iglesia Nuestra Señora del Reposo-; y agachándonos hacia la Vía Verde, ofreciendo una escala más doméstica al paisaje de pequeñas viviendas y huertos que sucede al otro lado del camino.
La herencia del pasado industrial de la zona constituye parte fundamental del patrimonio cultural del pueblo, encontrándose fuertemente arraigado en la memoria de sus habitantes. Consideramos que atender a esta condición, intentando que el nuevo Centro de Salud resuene con estas construcciones, es un modo de acercarlo a sus futuros usuarios, envolviéndolos en un aire de extraña familiaridad. Esta aproximación al proyecto desde la idea de afectividad ha sido determinante en la solución adoptada.

El imaginario moderno parece pervivir en los deseos que dan forma a numerosas áreas de crecimiento de nuestras ciudades. La parcela objeto de concurso ha sido definida de este modo, una pieza residencial de alta densidad que debe porticarse en planta baja para no interrumpir la continuidad de los parques que la rodearán en un futuro. El proyecto parte de asumir esta condición, liberando al máximo la planta baja para proponer un lugar de encuentro, una gran loggia levemente elevada sobre el terreno. Se trata de convertir este espacio en un salón urbano, a medio camino entre lo público y lo doméstico.
Frente al paisaje existente y la incertidumbre de lo que está por venir, el nuevo edificio aparece como un cuerpo estable y sereno.
El volumen que alberga las viviendas es claro, adaptándose con naturalidad a la geometría impuesta y ajustando la solución de fachada en función de la orientación. Hacia el sur (sureste) los paneles de GRC se pliegan para aumentar la profundidad de los huecos, reduciendo la incidencia solar en los meses de verano. El resultado será una imagen vibrante, animada por el paso del día. En cambio la fachada norte (noroeste) se aplana para aprovechar al máximo las horas de sol, cobrando importancia la componente vertical de la estructura.
Las plantas de vivienda se organizan a través de una galería central que se remata en sus extremos con terrazas abiertas a orientaciones diferentes. Este esquema garantiza tanto la presencia de luz natural como la ventilación de la misma.
Los pisos se componen de tres núcleos equipados: el baño, la cocina y un espacio para almacenamiento en torno al cual se articula la vivienda. Esta disposición permitirá tanto un uso convencional de la misma como un funcionamiento más fluido, posibilitando distintos modos de ocupación. La flexibilidad entendida desde la disponibilidad.
La cualidad del espacio de planta baja se confía en gran medida a la expresión de la gravedad. Este deseo se traduce en la reducción del número de soportes, lo que lleva a plantear una estructura de grandes luces (13m) resuelta mediante vigas de descuelgue coincidentes con las separaciones entre viviendas.
El cerramiento se resuelve con paneles sandwich de GRC de 10 cm de espesor y carpinterías de aluminio anodizado con rotura de puente térmico.

La casa se encuentra situada en una parcela desabrigada, una loma con escasa presencia de vegetación acotada por dos escenarios muy diferentes: uno más cercano, constituido por un joven pinar, y otro lejano dibujado por las suaves colinas del Andévalo.
El proyecto parte de ajustar dos habitaciones exteriores que reconozcan esta situación, conectándolas a través de un espacio singular desde el que acceder a las distintas estancias. Que estas habitaciones se abran a orientaciones diferentes es importante: el porche más amplio lo hace a poniente, a las vistas sobre el Andévalo, donde a veces combate el viento con fuerza. En cambio el más pequeño, orientado hacia el pinar, se encuentra resguardado tanto del sol como del viento. Cada uno queda cualificado por su sección: el primero es más alto y reconoce la pendiente de la cubierta, mientras que el segundo es horizontal y extremadamente bajo. Entre ambos una amplia galería construida como un gran mueble, que hará las veces de armario y estantería, articula las distintas estancias.
Se buscó una imagen tranquila y serena, que estableciese un diálogo de cierta familiaridad con el paisaje.

Una de las actuaciones urbanísticas recientes más significativas en Valverde del Camino es la creación de un "Eje Cultural" sobre las huellas del antiguo ferrocarril, cuyo término es la Casa Dirección. De ella nos interesa su privilegiada situación, contención arquitectónica y especialmente sus jardines, de una riqueza no habitual en el Andévalo.
La ubicación propuesta para el pabellón responde a diferentes cuestiones: evitar congestionar la casa y edificaciones anexas, introducción de un recorrido al aire libre (naturaleza expuesta), y formalizar un posible acceso desde la vía verde.
El acceso se realiza a través de un vestíbulo en el extremo que organiza los distintos recorridos. Las salas de exposición cuentan con iluminación cenital norte y vistas veladas del jardín a través de una celosía de listones de madera que actúa como filtro y protección. En el nivel inferior el lucernario es a la vez galería de acceso a las zonas de trabajo y archivos.
La construcción es sencilla: una crujía de 35 metros de largo y sección constante que se apoya en el muro de pizarra existente. La cubierta se sustenta mediante cerchas metálicas apoyadas en la estructura de hormigón armado del nivel inferior.
Se quiere obtener una imagen que reaccione frente a algunas construcciones cercanas: los talleres del ferrocarril, la estación, el teatro,... Sobre el muro de pizarra lo único que se vislumbra es el estrecho lucernario y la cubierta de zinc como signo de la silenciosa metamorfosis interior.

Se trata de un edificio de apoyo a unas instalaciones deportivas en expansión situadas en la Isla de la Cartuja, en Sevilla. Como consecuencia del crecimiento no programado del conjunto resultaba difícil conseguir una lectura clara del mismo, así que comenzamos trabajando sobre la capacidad del volumen, de la masa crítica que ofrecía el programa, para organizar y articular los distintos usos. De este modo surgió un prisma alargado del que emergía un cuerpo que apuntaba hacia el Estadio Olímpico y los campos de rugby, generando un jardín acotado, claro, desde el que orientarse. Este espacio, al que se volcarán la cafetería y el gimnasio de planta baja, esta destinado a convertirse en escenario social, punto de encuentro deportistas y visitantes.
El programa se organiza en tres niveles: una planta sótano, excavada, construida con hormigón y cerámica; una planta baja, horizontal y permeable, que recurrirá a porches, pérgolas y vegetación para diluirse en el paisaje de las pistas colindantes; y una planta alta trabajada desde la sección, aérea, en la que aparecerán tres huecos precisos que buscarán vistas sobre el campo de golf,las pistas de rugby y la cornisa del Aljarafe. La necesidad de poder utilizar cada parte de forma autónoma, sin interferencias, o conjunta, nos dirigió en el diseño de la estructura de recorridos que da forma al edificio. El objetivo era conciliar deseos aparentemente contradictorios: de una parte entender el resultado como un paisaje rico y complejo que se sumase a través de una relación de continuidad con la actividad deportiva, de la otra generar una forma clara que aportase la carga iconográfica necesaria para redefinir la identidad del conjunto.

El nuevo Café Cultural se encuentra enmarcado dentro de una serie de estrategias propuestas por el Plan Especial de Mejora Urbana del Polígono Sur. Dada la capacidad de atracción de su oferta cultural, orientada fundamentalmente a gente interesada por el mundo del flamenco, el nuevo edificio supone una oportunidad única para representar la apertura de un barrio marcado por su condición marginal, debiendo al mismo tiempo convertirse en escenario activo de la vida cotidiana del mismo. La propuesta asume esta dualidad desde su sección, elevándose para alcanzar visibilidad desde la Carretera de Su Eminencia, y agachándose hacia el interior del barrio para proponer un acceso directo al Café, singularizado por una amplia marquesina de hormigón que diluye el límite con la vía pública. La fachada sur se remata con un letrero digital que, al modo de los luminosos de los antiguos teatros, anuncia la actividad en su interior.
Un café cantante era un tipo de local de ocio donde, además de despacharse bebidas, se ofrecían espectáculos de cante, toque y baile flamenco. Para el mundo del flamenco, este tipo de locales supusieron un cambio trascendental en la forma en que este arte era transmitido, ya que permitieron que pudiera abrirse al público en general, reportándole así una mayor presencia en la sociedad. El nuevo Café Cultural pretende revisitar esta forma de acercamiento al arte tan arraigada en nuestra cultura, ofreciendo una alternativa singular que amplíe la oferta que actualmente ofrece la ciudad. Para ello se propone, mediante la utilización de un sistema de gradas retráctiles y un sencillo sistema de cortinas, la posibilidad de prolongar la cafetería hasta el escenario, generando así un lugar de encuentro, un espacio activo y dinámico desde el que potenciar las relaciones entre estudiantes, profesores y público.

"El Álamo" es una pequeña urbanización residencial al borde de la N-435, en los terrenos de un antiguo olivar, y constituye el punto de encuentro de una joven pareja que trabaja en lugares distintos. La casa se ubica en una parcela generosa (50 x 50 m), en la que conviven alcornoques, árboles frutales y una huerta.
Desde un principio se pensó en hacer de la parcela la casa, en vez de una casa en la parcela. El programa, de apenas 130 m², se organiza a lo largo de una crujía de 30 m de largo y sección constante que ordena el terreno, definiendo un jardín con olivos centenarios en la zona más pública, y un huerto con piscina abierto a la campiña. La vivienda es el espacio intermedio matizado a través de la sección: un límite habitado entro lo urbano y lo doméstico. El acceso se realiza desde el extremo norte, un porche para los coches. Una amplia galería abierta al Este, de 4.50 m de altura y 2 m de ancho, hace las veces de recibidor, biblioteca y distribuidor de las distintas estancias. Con esta estructura evitamos la aparición de espacios destinados sólo a circulación, así como la separación entre zona de día y de noche. Se trataba de conseguir flexibilidad a través de la disponibilidad de las distintas habitaciones para ser utilizadas con libertad.
La construcción es tradicional: estructura de muros de carga y forjado unidireccional de hormigón, cubierta de zinc y suelo de pizarra.
La experiencia de la vida cotidiana está muy influida por las asociaciones que, tanto desde cada uno como colectivamente, tienen que ver con las imágenes de los edificios. Nuestro deseo fue construir una casa que resonase con ermitas y naves agrícolas, con arquitecturas nórdicas y locales, una arquitectura que desplegase significados en vez de intentar atraparlos.
XII Premio de Arquitectura de Huelva. 1er premio a la mejor obra construida en la provincia en 2005

Se trata de la construcción de 15 viviendas en una parcela perteneciente al PERI desarrollado sobre la manzana que ocupa actualmente el seminario. El objetivo de dicho plan es posibilitar la conexión entre la Avenida de Santa Marta y la Avenida de las Flores. Para ello se crea un viario interior que actúa como charnela, dividiendo la unidad en dos zonas: seminario y área residencial. El resultado es una banda de edificación que construye de forma clara el límite de la manzana, protegiendo y cualificando un jardín interior.
El proyecto responde a esta situación planteando una fachada homogénea y continua hacia el exterior, y discontinua y abierta hacia el jardín. La primera está definida por la modulación que organiza la distribución de las viviendas, mientras que la segunda se construye con las galerías de acceso, abiertas a Este, que se ensanchan para posibilitar la estancia y el juego.
La planta baja se libera del uso residencial, excavándose para hacer permeable del solar. Un local comercial, un gran armario para el aparcamiento de bicicletas y el vestíbulo de acceso, ordenan los recorridos.
Las viviendas son sencillas: el espacio central es un amplio vestíbulo desde el que se accede a todas las estancias, eliminando pasillos innecesarios. Esto proporciona una genuina flexibilidad de usos basada en la disponibilidad y la continuidad visual y espacial.
Se plantea la construcción de una fachada ventilada con la hoja exterior de ladrillo visto, concebido y tratado como un envoltorio tosco mediante la aplicación de una lechada de cemento. Las ventanas, carpinterías de aluminio y vidrio de reflexión diferenciada, se superponen al muro, tensándolo. La condición contradictoria de la fachada, monolítica y delicada a la vez, confiere al edificio una imagen que pretende dar respuesta a un lugar sin carácter definido desde su presencia material y capacidad de evocación.
Beca